Saturday, August 26, 2006

CONFIDENCIAS

Nuria comenzó abrirse conmigo como se abren las flores en la primavera. Pero cuando comienzan las confidencias también aparecen las verdades. Y entre esas verdades había una a la que temía, oir de sus labios que estaba enamorada de Marcos. Pero era el riesgo que había aceptado correr al haberme hecho el depositario de sus secretos. Aquella idea pendía sobre mi cabeza como la espada de Damocles y un día aquella espada cayó, hiriéndome en lo más profundo.

Realmente Nuria sentía algo por Marcos. Lo comentó con tanta naturalidad que mis oidos al principio no comprendieron el sentido de sus palabras.
" Creo que me estoy enamorando de Marcos, Orual" y yo me quede ahí mirándola sin poder decir nada. Ella entonces comenzó hacerme preguntas sobre él. Tenía miedo de equivocarse y quería conocer mejor a Marcos sus gustos, sus aficciones, sus hobbies. Aquellas conversaciones me parecían más una especie de interrogatorio de la Gestapo que una plática entre amigos. No es que usara métodos viles para sonsacarme información, o que con ella fuera hacer daño a Marcos; sino que cada vez que respondía a sus preguntas y ella descubría que la forma de ser de Marcos le daba seguridad, yo me sentía como un prisionero al que hubieran arrancado una información valiosa, por que sentía que iba traicinando poco a poco a mi propio corazón.

La gente normalmente se hace amiga y después se enamora, yo me había enamorado y después me había convertido en su mejor amigo. Era una paradoja, pero prefería ser su amigo a ser un desconocido al que no reconoces por la calle. Araceli me decía que esa relación me hacía daño y en parte tenía razón, pero al menos sabía que como amigo le era últil, y para aquel entonces había comprendido que el amor tenía una parte importante de dolor. Pero no era ningún santo y sufrir así, sin un futuro, sin una esperanza, no tenía sentido y empecé a desligarme de aquel sentimiento que más me hacía sufrir que ser feliz y comencé a salir con otras chicas, pero ninguna me llenaba. Buscaba en sus ojos los ojos de Nuria, en su sonrisa la sonrisa de Nuria. Buscaba a alguien que tuviera su modo de coger la taza entre las manos para calentarse, su gesto tan personal, como cuando se retiraba el flequillo de la cara, o se colocaba el mechón de pelo detrás de su oreja. Y si en el campo físico no paraba de hacer comparaciones en el personal era aún peor. Las chicas con las que salí en esos meses me parecían todas unas frívolas, una superficiales, unas mujeres vacias. Se entregaban a la primera, era tan fácil conquistarlas, era tan fácil conseguir sus labios en la primera cita, era tan fácil conseguir desvelar su interior. ¿Por qué aquellas mujeres se valoraban tan poco? ¿por qué se hacían respetar tan poco?¿ por qué se vendían por unos cuantos besos y abrazos? Y la pregunta más compleja de todas, por qué aquellas relaciones que antes me llenaban ya no me hacía feliz. Antes había mantenido aquel tipo de relaciones superficiales y había pensado que era un tío afortunado. Ahora que no buscaba aprovecharme de ellas, no buscaba jugar, sino que deseaba con todo mi corazón que surgiera el amor, solo me encontraba con mujeres que no tenían capacidad de amar y poco a poco me fuí perdiendo en el vacio existencial que me rodeaba, y ni siquiera Nuria conseguía sacarme de ese estado de pérdida en el que me encontraba. Me sentía como un naúfrago en medio de la tempestad. Y mientrás tanto Marcos y Nuria comenzaron a salir de una manera más o menos oficial, y se veía que Nuria estaba realmente enamorada. Le brillaban los ojos de una manera tan especial, que me era imposible resistirme a mirarla, porque su luz iluminaba por si sola toda la habitación, y cuando sus ojos se cruzaban con los míos, cuando me sonreía, entonces mi maremoto personal parecía calmarse aunque solo fuera por segundos. Y un día descubrí que mi soledad se debía a que ahora que ella tenía a Marcos ya no necesitaba confidente para sus secretos, pues estos era ahora propiedad de Marcos, y creo que por eso me sentía en parte tan perdido, ya no tenía el privilegio de las confidencias. No era el guardían de sus palabras. Perder el conocimiento de lo que albergaba en su alma me hizo sentirme como si estuviera muerto. Por que ya no tenía nada de su ser más íntimo y me perdí.

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