AMISTAD
Aquellos días de hospital me acercaron a la persona de Nuria. Pude conocer mejor sus gustos y ví que increiblemente teníamos cosas en común. Pero también fueron días en los que ella pudo conocerme a mi. Y es curioso por que yo no estaba pasando uno de mis mejores momentos. Descubrimos que a los dos nos gustaba estar juntos y hablar. Aunque muchas veces acababa enfadado con ella. Era tan recta, que a veces me enfadaba conmigo mismo y acababa enfadado con ella. Nuria podría ser una "Beata" pero cuando se enfadaba era como un demonio. Lo que más recuerdo con claridad es que si habíamos peleado ella enseguida me pedía perdón y regresaba a buscarme. No le costaba reconocer que se había equivocado, e incluso alguna vez me pidió perdón por algo en lo que yo era el único culpable. Estaba mal, lo sé pero me gustaba que me buscase, por que eso signficaba que en cierta medida yo le importaba. Y aprendí a pedirle perdón también. Comenzamos a conocernos. Y poco a poco pasó a ser mi amiga y confidente, le contaba todo, incluso más que Araceli. Creo que porque en el fondo sabía que podía confiar en ella, que jamás lo iría difundiendo por ahí y por que cuando me daba un consejo lo hacía sinceramente. Aunque algunas veces sus consejos escocían pues ponían el dedo en la yaga. Me había hecho tan a la idea que ella y Marcos acabarían juntos que el sólo hecho de que fuera mi amiga me bastaba. Consiguió que me abriera como una concha y comencé a contarle toda mi vida, mis líos, mis juergas, mis tonterías y locuras. Aunque muchas veces le contaba cosas para escandalizarla. Me gustaba ponerl en un compromiso. A veces me reía de ella, le tomaba el pelo, exageraba las cosas o contaba aventuras que nunca pasaron. Pero en cuanto el tema empezaba a " tomar cierto tinte" me pedía que no continuara. Y entonces siempre le decía eres ¿una Beata lo sabes? y ella respondía, ¿sólo eso? si es solo eso no me preocupa y se reía. Y a mi me encantaba hacerla rabiar en parte para oirle como se reía de ella misma y en parte porque a pesar de mis burradas ella no me despreciaba sino que seguía siendo mi amiga y estaba ahí. Y saber que seguía estando ahí era lo que mas me gustaba. De todas las mujeres que conocía, era la única que me quería por mi mismo, a pesar de ser todo lo contario a su forma de pensar, a pesar de que había temas de los que no podía hablar con ella, a pesar de que eramos opuestos. Y ella también poco a poco fue confiando en mi y abriéndose y saberme poseedor de sus secretos me hacía sentirme especial.
1 Comments:
Ya anteriormente lo dije,cuando uno sabe pedir perdón por algo que hace mal,la satisfación interna es muy grande,cuando se aprende eso,no cuesta nada pedir perdón.Yo también he pedido perdón a veces hasta cuando no tenía porqué pedirlo,pero eso ha hecho que la persona con la que me he enfrentado reflexione y se de cuenta de su error.Para mi el saber pedir perdón no es ninguna humillación,al contrario,es una virtud y Núria la tenía.
Un saludo
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