EGOISTA
Una noche salí con un grupo de gente del trabajo, había bebido un poco más de la cuenta, pero sin perder la noción de quien era, sólo lo suficiente como para que reirme fuera más fácil y para que un estado de felicidad ficticia me embargara. Allí estaba yo tratando de ligar con una preciosidad de ojos profundos y sonrisa encantadora cuando apareció Marcos. Por un instante el corazón se paró esperando ver a Nuria, pero había venido solo. No quería que me viera, Marcos y Nuria me habían llamado por telefono varias veces, pero yo había decidido romper cualquier vínculo que me pudiera recordar a Nuria, y había encontrado las escusas perfectas para no quedar con ellos. Así que intenté salir del local dejando a la chica plantada, pero está se enfadó y armó algo de revuelo y Marcos me vió. Ya no tenía escapatoria. Se acercó a mi y me dió un fuerte abrazo, palmeandome con fuerza en la espalda y me alegré de que siguiera tratándome como antes, como siempre. Salimos a la calle y me obligó a caminar durante un buen rato para despejarme y que se me pasaran un poco los efectos del alcohol. Llegamos andando hasta el paseo marítimo. Entonces me preguntó-Tío que te pasa, has dejado el futbol, ya no sales con nosotros, no hay manera de quedar contigo por que te pasas todo el día trabajando, aunque bueno al menos no has perdido tus facultades para ligarte a una chica guapa. Venga en serio ¿qué te pasa?
-No me pasa nada, simplemente estoy más ocupado sin más.
- Oye no me baciles, te conozco y a ti te pasa algo.
¿ Cómo contar a mi mejor amigo que estaba enamorado de su novia? No podía y me limité a decir, di lo que quieras en serio no sucede nada.
-Orual venga, somos amigos, a mi puedes decirme lo que sea, no se lo voy a contar a nadie, no confias en mi.
-Estoy bien no seas pesado.
-No tu no estas bien, y a mi no me vengas con rollos, algo te pasa, no sé que es, pero deber ser muy grave para que no me lo cuentes a mi que soy tu mejor amigo. Venga dime ya lo que es, para eso somos amigos ¿no? Hasta Nuria está preocupada por tí.
En cuanto oí el nombre de Nuria giré la cabeza y miré a mi amigo, temí que con aquel gestó repentino y brusco el descubriera la realidad, pero Marcos no reparó, y entonces le dije, -dile que estoy bien, que no me pasa nada-.
-Venga ya tío, antes quedabaís mucho para hablar y ahora ni respondes a sus llamadas.
-Bueno antes quedabamos más porque yo tenía más tiempo. ( y porque no salía contigo) pensé para mis adentros.
Mi amigo vio que no iba a sonsacarme nada así que no siguió preguntando. Me acompañó andando hasta casa y allí nos despedimos. ¿ Por qué mi mejor amigo tenía que ser el causante de mi dolor? Me eché en la cama e intenté conciliar el sueño pero no lo conseguía. Entoncés una voz interior comenzó a hablarme, una voz que me esclareció lo que realmente me estaba pasando.
Egoista, eres un egoista, sólo buscas tu propia felicidad, sólo estas pendiente de ti mismo, de tu corazón lastimado, de tu dolor, de tu sacrificio, de tu anhelo de amor, de tu felicidad echa pezados. Egoista, tú, tú, tú.
Aquella voz repetía esas ideas una y otra vez y decía la verdad. Desde que Nuria se había fijado en Marcos me había pasado todo el día compadecido de mi mismo, regodeandome en mi propio dolor, era como el perro que se lame sus heridas. Sólo pensaba en mi, en mi pobre corazón, era un egoista. No estaba en esa situación porque no pudiera vivir sin el amor de Nuria, estaba en esa situación porque me pasaba todo el día compadeciendome de mi mismo y sintiéndo lástima de mi mismo. Y decidí que ya era hora de dejar de pensar en mi mismo. Amaba a Nuria, cierto, pero que ella no me quisiera a mi no significaba el fin del mundo, no debía significar el fin del mundo. Muchos hombres en la historia habían sido rechazados y habían encontrado luego el amor, a mi podía pasarme lo mismo. Si conseguía dejar de pensar en mi mismo y en mi lastimado yo, tal vez lograría superar aquello. El amor no correspondido puede ser una prueba muy dura de sobrellevar, sobre todo si uno se centra en si mismo. La solución era más o menos fácil, dejaría de pensar tanto en mi y pensaría un poco más en los demás. Tal vez si salía de mi ostracismo entoncés quizás mi corazón dejaría de quejarse. Yo era el culpable de mi propio dolor, porque alimentaba el dolor de mi corazón con mis propios lamentos, y ya estaba bien de lamentaciones. Ya estaba bien de pensar tanto en Nuria. Ya estaba bien de centrarme tanto en mi. Entonces me dormí.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home