Saturday, September 30, 2006

REENCUENTRO

Gran parte de aquel verano me la había pasado ayudando a mi sobrino con sus estudios, pero no fue un verano de paz y tranquilidad, dentro de mi todavía existía una lucha interior. Sabía por Marcos que su relación con Nuria iba viento en popa, pero no podía evitar seguir pensando en ella de vez en cuando. Sólo de vez en cuando, porque me había hecho el firme propósito de no dejarme arrastrar por aquel amor imposible que sólo me traía zozobras y sinsabores. Aunque sabía que no podía esconderme para siempre, y que en cuanto pasara el verano y volvieron las competiciones de futbol nos volveríamos a encontrar. Sólo espera que para aquel entonces mi corazón ya se hubiese hecho a la idea de que ella no era para mi. Y llegó el día de reencuentro. No recuerdo el partido en si, sólo que había llevado a mi sobrino conmigo. Desde aquel verano se había convertido en mi pequeña remora, estaba pegado a mi de tal manera que era como una extensión de mi. Una pequeña extensión en la que me veía completamente reflejado. Había pasado a ocupar un lugar entre los dioses y los heróes de mi sobrino, y no podía defraudarle aunque en el futbol no era lo mejor de lo mejor. Creo que jugamos bien incluso tengo el leve recuerdo de que salimos victoriosos. Pero si algo no se me podrá olvidar era como le brillaban a mi sobrino los ojos, la emoción de ir al partido, sus gritos. Estaba tan feliz, que se me contagió enseguida su entusiasmo, su energía, su ilusión. Y cuando terminamos el partido su abrazo de felicidad. Yo a mi vez lo abrace con fuerzas, era realmente fantástico sentirse querido por ese amor limpio, sin interes. Y así estaba abrazando a mi sobrino, riendo a madíbula batiente cuando mis oidos oyeron el dulce eco de una voz que conocía bien, y que pronunciaba mi nombre con un acento, de un modo que me hizo estremecer. Me volví y me encontre con ella. Nos saludamos y enseguida reconoció a mi sobrino, y yo pase a un segundo plano porque enseguida le hizo preguntas y cosquillas y demás carantoñas de las que hacen las mujeres, y que tanto parece que les gusta a los niños porque enseguida mi sobrino se fue con ella. Y allí me quede yo embobado mirándola, y supe que jamás podría olvidarla, que por más que luchara contra mi corazón, este era suyo para siempre. Pero aunque así fuera no estaba dispuesto a sufrir. Ella era feliz y si yo la amaba debía desear que también lo fuera. Se que después hablamos del verano, ella había estado en México ayudando a un proyecto social. Y yo le conté de mis clases de apoyo.
Me ha encantado volver a verte- me dijo y esas palabras sonaron a gloria para mis oidos. Era un tonto porque había renunciado a su amistad, por qué había dejado de llamarla, por qué no había respondido a sus llamadas, por qué no había dado aquel paso. Había perdido una amistad verdadera y sincera, y al menos eso estaba dispuesto a recuperarlo. A veces perdemos a los amigos por tonterías y un mundo sin amigos es un lugar maldito.

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