Saturday, November 25, 2006

LABERINTO

Marcos y Nuria habían roto, no podía creer la noticia. Estas segura, le pregunte a Alicia.
Si segurísima, la hermana de Kepa me lo ha confirmado cuando me llegó el rumor.
¿ Por qué Marcos no me había dicho nada? Eramos amigos, muy amigos, ¿ Por qué no me ha dicho nada?
No lo sé dijo Alicia, solo sé que han roto, no se ni cuando, ni el motivo.
Roto, libre, libre. No podía pensar en otra cosa, ahora mi corazón podía seguir amándola como siempre, pero sin culpas, sin resentimientos, libre también yo.
Y llegó el sábado y fuimos a visitar a Dña. Pilar y yo no le dije nada, esperaba que ella comentara algo pero tampoco habló. Al fin Marcos me contó lo que había pasado. Nuria quería algo serio, con futuro, pero él no estaba seguro de querer una relación así, de perder del todo su libertad, de comprometerse en serio. Amaba a Nuria, todavía sentía algo muy especial por ella, pero
¿ Era ella la destinada a ser la única? Nunca había creido esa tonteria de que los hombres
tememos al compromiso, pero mi amigo era una clara muestra de ello. No era miedo lo que sentía, era terror. Y le había pedido a Nuria un tiempo, necesitaba estar lejos de ella para saber si realmente ella era la dueña de su corazón. No se lo había dicho con esas palabras, Marcos no era nada romantico. Y ella le había dejado libre, por el bien de los dos, y porque no quería atarse a un hombre que no estaba seguro de los sentimientos, un hombre que no le podía ofrecer un futuro, solo un eterno presente. Y ahora que estaba libre Marcos no sabía que hacer con esa libertad, estaba hecho un lio de sentimientos, libertad, dolor, amor, recuerdos de Nuria, amor por ella, miedo. Todo le bailaba en la cabeza, todo le daba vueltas y no tenía nada claro, no sabía como encontrar una respuesta y una salida. Y yo no podía ayudar a mi amigo porque esa respuesta se la tenía que dar el mismo. Si yo hubiera estado en su lugar no habría dudado ni un sólo segundo, pero él no era yo. Marcos no sabía lo que quería y lo que no, estaba perdido en su laberinto interior, y sólo él tenía la clave para salir de allí, pero se tenía que encontrar a si mismo. Sólo tirando de su ovillo podría encontrar la salida al laberinto como en el minotauro, y había que tirar del ovillo, desmadejar el lío de sentimientos y de deseos, y enfrentarse a si mismo, a sus miedos, a sus deseos. Pero para enfrentarse a uno mismo hay que tener valor, no solo para aceptar que no sabe que hacer con la vida, sino para verse tal cual se es, con sus defectos, su nada.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home

_id=1736690&guest=1">View My Stats