DOBLES LLAVES
Esa misma tarde decidí llamarle, sabía que iría al café Vienés como siempre pero quería hablar con ella. La había dejado de hablar sin darle explicaciones, y aunque ahora tampoco las iba a dar, había sido un tonto por dejar que mis sentimientos se interpusieran entre una maravillosa mujer a la que merecía la pena tener como amiga y mi ego dolorido por no haber sido el elegido de su corazón. Sólo porque no podía conquistarla, sólo porque mi amor no era correspondido, que egoista y soberbio había sido, que tonto.Y nos volvimos a ver incluido Marcos, al menos la primera vez que volvía verla no quería que fuera totalmente a solas, porque ahora sólo buscaba ser su amigo otra vez, y ahora Marcos era el dueño de sus secretos. Volver a recuperar una amistad perdida no es difícil. Sólo hay que saber dar los pasos adecuados, los pasos son lentos, no se puede ir prisa, hay que dejar que las heridas cicatricen, que se cierren los resquemores si es que los hubo. Pero sobre todo hay que tomar la iniciativa de volver. Ella nunca me dijo si mi modo de tratala le había herido, pero yo no me había portado muy bien con ella y se debío sentir dolida, era tan sensible para las muestras de cariño. Aquella tarde volví a reir como hacía mucho tiempo que no lo hacía, contando tonterías, y sobre todo mil anecdotas de mi sobrino o todo lo que había aprendido a su lado, su visión de la vida más clara, más sincera, más fiel. Y fue maravilloso que todo volviera a ser más o menos como había sido antes. Y yo me dí cuenta de la estupidez que es perder a un amigo. De la tonteria del todo o nada, de la bobada del no ceder, del que sea ella la que de el primer paso, el machismo y la soberbia son un coctel molotov demasiado explosivo y destructivo. La amistad es como una caja llena de tesoros sólo tiene una clave para abrirse que tiene doble llave, y necesita de las dos llaves para abrirse y cada llave esta en manos de una persona, y las dos llaves deben entrar en la cerradura, si sólo uno mete la llave aquello no se abrirá jamás. Sabía que Nuria volvería a meter la llave en la cerradura si yo también me arriesgaba y volvía a meterla. Y no quería perderme los tesoros que su amistad sincera me ofrecía. No era vivir de migajas o de pálidos restos de amor, no, era vivir algo tan real e intenso como era una amistad desinteresada. Yo la había defraudado pero ella estaba dispuesta a volver a ser mi amiga. Y metí la llave en la cerradura y como la cueva de Ali Baba encontre tesoros maravillosos.

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