EL CAPITAN
Los días se fueron sucediendo y las noches negras y largas se iban deslizando poco a poco y Pilarcica se convirtió en un alma en pena, que como un fantasma se deslizaba por la casa. Silenciosa, corvada, pálida y triste. Ella que había sido la alegría de la casa. Ay el amor, que malas pasadas no juegan el amor y el destino cuando se empeñan en separar a los amantes. Pilarcica sabía que rezar por un milagro era inutil pero la esperanza nunca se pierde, aunque a los que se traga el mar nunca se les vuelve a ver. Pero Dios oyó los ruegos y las oraciones y quiso que un día sonara el tiembre de la casa y apareciera el capitán. Pobre Pilarcica casi se muere del susto. Nadie se lo esperaba, habían pasado ya meses, pero a veces los milagros existen. El capitán y otro grupo de marineros habían sido recogidos por un mercante que se dirigía a Dublín. Aquel invierno fue recio en galernas y hasta que no pasaron los fríos no habían podido regresar. Y nadie se había enterado de que estaban a salvo. La alegría fue inmensa en el pueblo, en el muelle, en la casa de abastos, y en el mercado central las pescaderas cantaban su mercancía con otra alegría, otro tono de voz. La dueña de la casa vio como Pilarcica recuperaba su alegría, su color de cara y al cabo de un tiempo descubrió que el capitán también sentía algo por Pilarcica y se apresuró hacer de casamentera. Pero hay veces en que sería mejor dejar hacer al mar y al destino y no forzar a Dios a conceder milagros. Durante un tiempo Pilarcica y el capitán fueron muy felices. Pero el capitán tenía un vicio, la bebida, y la convivencia se fue deteriorando, pero Pilarcica lo soportaba gracias a las largas temporadas que el capitán pasaba fuera. Pero un día ocurrió algo, después de un viaje a las indias el capitán perdió su permiso para pilotar, las malas lenguas dijeron que en el transcurso de una pelea había matado a un marinero, otros decían que una noche que estaba borracho había estado a punto de estrellar el barco contra un arrecife, otros que estuvo a punto de enquillar en un banco de arena, y otros contaban otras historias. Fueran o no fueran cierta las historias, la verdad fue que el capitán no pudo volver a subir a un barco y como todo marinero ansiaba su mar por encima de todo y enloqueció. Cuando Dña. Pilar me contó la historia no pude de por menos sentir lástima por ella, pero ella que parecía que pudiera leer mi alma me dijo " no te preocupes rapaz, la vida es así hay veces en que nos empeñamos en algo y ese algo no es bueno para nosotros. A veces es mejor dejar hacer a Dios y no entrometernos en sus designios, el escuchó mis ruegos porque yo rece mucho y la oración es tan poderosa que cambia el destino de un hombre, la oración puede hacer cambiar el deseo de Dios"Pero, objete yo, porque si Dios sabía que el capitán te iba a dar tan mala vida porque consintió en que el no muriera, por que le salvó la vida.
Ella me miró con sus ojos jovenes aún y me dijo, bueno a veces Dios nos concede los favores aunque no debería porque insistimos, por que somos sus hijos y nos ama y cede ante nuestra insistencia.
Entonces no es bueno rezar, le respondí, porque si nos concede lo que no es bueno para nosotros rezar es malo.
Bueno tampoco fue malo, gracias a mi capitán yo tengo una casa, unos recuerdos, una pensión. Hubo cosas duras, pero también fui muy feliz. En realidad la culpa de mi desdicha no la tuvo Dios, la tuvo mi capitán que se aficcionó a la bebida, y la bebida es una amiga que pasa factura. Dios no quiso que mi capitán bebiera y me hiciera daño eso lo quiso mi capitán que prefirió su bebida a mi. Tal vez mi rezos le dieron una segunda oportunidad a mi capitán pero él no la supo aprovechar. Dios no es cruel ni malvado, lo somos los hombres que nos empeñamos en no seguir sus caminos y preferimos los nuestros.
No estaba de acuerdo. Dios no tenía corazón por permitir tanto mal, por conceder algo que iba a producir dolor, por dejar que la gente buena sufriera y los malos se salieran con la suya. No definitivamente Dios no era bueno. Aunque para Dña. Pilar y para Nuria Dios era bueno y bondadoso, y una duda me atenazaba el corazón porque no era posible que Nuria estuviese tan equivocada respecto a todo. Si ella era como era, buena, bondadosa, alegre, lo era porque creía, esa era su fuerza y yo deseaba una respuesta al sin sentido de la vida, de la muerte y del dolor. Para que vivía el hombre, solo para acabar siendo un puñado de polvo, que sentido tenía esta vida con todas sus injusticias, si luego no había nada, porque ser bueno, porque ser justo, porque no preocuparse sólo por obtener lo mejor de la vida a costa de lo que sea, porque hay que respetar al otro, si solo existe esta vida, porque no disfrutar en ella lo más que se puede sin limites de ningún tipo, que más da los demás sus dolores, su pobreza, su tristeza, su enfermedad. Y si eso era así porque iba yo a cuidar a una anciana que no era nada mío, hasta haberla hecho parte de mi, y por que si eso era así cuando hacía el bien a alguien me sentía mejor, más feliz.

3 Comments:
Yo también me pregunto para que estamos en esta vida, que sentido tiene vivir, pero no creo que haya respuesta.
Yo también me pregunto para que estamos en esta vida, que sentido tiene vivir, pero no creo que haya respuesta.
Bueno es la eterna pregunta, pero la respuesta hay que buscarla dentro de cada uno. Aunque a veces uno esta tan confundido que no se puede oir a si mismo
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