LA TORMENTA
Creo que nunca podré olvidar aquella noche. Volvíamos de estar con Dña. Pilar, el otoño ya se había instalado, dejando un aire algo más fresco y los árboles de color miel. Había anochecido. Nuria y yo volvíamos hablando de distintas cosas, no las recuerdo con claridad. De pronto se formó una tormenta con grandes gotas. Echamos a correr buscando un lugar donde protegernos. Llovía tan fuerte que en apenas cinco minutos estabamos empapados. Por fin llegamos a los soportales de una plaza donde nos pudimos refugiar.- Mira que pintas. Dijo, mientrás se reía a grandes carcajadas. El agua le resvalaba por el cabello, y las gotas habían salpicado su cara. Estaba preciosa.
- Debo estar horrible, no crees. Siempre que llueve los hombres estais simplemente mojados, nosotras estamos echas un horror, con el rimel corrido, el pelo mojado y toda la ropa pegada al cuerpo. Menos mal que llevaba un jersey, sino seguro que mi blusa estaría ahora toda transparente, menudo espectáculo. Y volvió reirse. Con esa risa que tanto me gustaba.
Entonces, no sé ni como sucedió, le retiré un mechón de pelo que estaba pegado junto a su mejilla y delicadamente se lo coloqué detrás de la oreja. Fue un impulso, ni siquiera lo pensé, estaba tan guapa con el pelo mojado. Y en el instante que toqué su mejilla sentí como si su cara se recostara contra mi palma. Fueron decimas de segundo o tal vez fue solo mi imaginación y no hubo ese leve roce. Pero los ojos de Nuria se bajaron hasta el suelo y su risa cesó y sus mejillas se sonrojaron. Y yo rápidamente retiré mi mano de su cabello, como si un rayo me hubiese recorrido de arriba a bajo. No había sido mi intención molestarla, ni hacerla sentir incómoda, fue un impulso, pero tal vez mi impulso había sido demasiado atrevido.
- Se hace tarde, será mejor que nos demos prisa por llegar a casa. Dijo, y echo a correr en medio de la lluvia, abrazándose contra su jersey mojado.
Por unos instantes no la seguí, me quedé alli parado, viéndola correr. Y me pareció un pajarillo al que proteger. Parecía tan inocente, tan frágil, tan pura.
Cuando pude reaccionar corrí trás ella, me puse a su altura y ya no dije nada hasta que llegamos a su casa. Antes de entrar en el portal solo me dijo buenas noches y a penas volteo su cabeza para mirarme.
Otra vez la lluvia, la misma lluvia que me había hecho subir en su coche, que me había permitido tocar su mano. Pero esta vez junto a la alegría que sentía como la de aquel día, también tenía miedo, miedo a que con mi caricia ella hubiera podido leer todo lo que había en mi corazón. Por qué en realidad si hubiese podido no solamente la habría colocado el pelo mojado, la habría besado y la habría secado las gotas de lluvia con mis besos. La amaba, no lo podía negar, y aquel leve roce de su cara contra mi mano me bastaba para ser el hombre más feliz del mundo.

2 Comments:
me gusta la lluvia porque pone guapas a las mujeres, los hombres sólo nos mojamos.
un saludo.
un modo diferente de ver la lluvia, el mismo amor la misma lluvia, me gusta esa pelicula la has visto
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