LABERINTO
Marcos y Nuria habían roto, no podía creer la noticia. Estas segura, le pregunte a Alicia.
Si segurísima, la hermana de Kepa me lo ha confirmado cuando me llegó el rumor.
¿ Por qué Marcos no me había dicho nada? Eramos amigos, muy amigos, ¿ Por qué no me ha dicho nada?
No lo sé dijo Alicia, solo sé que han roto, no se ni cuando, ni el motivo.
Roto, libre, libre. No podía pensar en otra cosa, ahora mi corazón podía seguir amándola como siempre, pero sin culpas, sin resentimientos, libre también yo.
Y llegó el sábado y fuimos a visitar a Dña. Pilar y yo no le dije nada, esperaba que ella comentara algo pero tampoco habló. Al fin Marcos me contó lo que había pasado. Nuria quería algo serio, con futuro, pero él no estaba seguro de querer una relación así, de perder del todo su libertad, de comprometerse en serio. Amaba a Nuria, todavía sentía algo muy especial por ella, pero
¿ Era ella la destinada a ser la única? Nunca había creido esa tonteria de que los hombres
tememos al compromiso, pero mi amigo era una clara muestra de ello. No era miedo lo que sentía, era terror. Y le había pedido a Nuria un tiempo, necesitaba estar lejos de ella para saber si realmente ella era la dueña de su corazón. No se lo había dicho con esas palabras, Marcos no era nada romantico. Y ella le había dejado libre, por el bien de los dos, y porque no quería atarse a un hombre que no estaba seguro de los sentimientos, un hombre que no le podía ofrecer un futuro, solo un eterno presente. Y ahora que estaba libre Marcos no sabía que hacer con esa libertad, estaba hecho un lio de sentimientos, libertad, dolor, amor, recuerdos de Nuria, amor por ella, miedo. Todo le bailaba en la cabeza, todo le daba vueltas y no tenía nada claro, no sabía como encontrar una respuesta y una salida. Y yo no podía ayudar a mi amigo porque esa respuesta se la tenía que dar el mismo. Si yo hubiera estado en su lugar no habría dudado ni un sólo segundo, pero él no era yo. Marcos no sabía lo que quería y lo que no, estaba perdido en su laberinto interior, y sólo él tenía la clave para salir de allí, pero se tenía que encontrar a si mismo. Sólo tirando de su ovillo podría encontrar la salida al laberinto como en el minotauro, y había que tirar del ovillo, desmadejar el lío de sentimientos y de deseos, y enfrentarse a si mismo, a sus miedos, a sus deseos. Pero para enfrentarse a uno mismo hay que tener valor, no solo para aceptar que no sabe que hacer con la vida, sino para verse tal cual se es, con sus defectos, su nada.
UN BAILE
Araceli y su novio se casaron después de que naciera Daniel. Aquel día hubo doble celebración, boda y bautizo. Nuria y yo fuimos los padrinos del bautizo, nos lo habíamos ganado a pulso, sin nuestra intervención tal vez Daniel no estaría entre nosotros y desde luego esa boda no se estaría celebrando. Yo no era para nada creyente en aquella época pero no me pude negar a ser el padrino. Fue un día intenso en emociones, nunca jamás se me había ocurrido pensar que algo en la vida me iba a ligar a Nuria, pero aquel día algo nos unió, un compromiso de cuidar de un pequeño niño. No podía dejar de mirar a Nuria con su maravillosa sonrisa iluminádole la cara. Si tuviera que escoger un momento de aquel día me quedaría con el baile. Los novios habían abierto el baile con el Vals y a continuación los padrinos de boda y después Nuria y yo. Le cogí la mano y le pasé mi brazo por su espalda, suavemente apenas rozándole, no me miraba tenía los ojos bajos, por la verguenza de ser el centro, pues no me atrevía a pensa que era por mi, aunque era lo que en realidad deseaba. Giramos y giramos y la estancia entonces se quedó vacia, solo estabamos ella y yo, transportados a otro salón de baile, al de los grandes valses de Viena, a los jardines de Versalles. No hubiese querido que terminara nunca, su perfume me envolvía y con él la magia de tenerla entre mis brazos, cerca, en silencio, sin hablarnos pero diciéndonos tantas cosas con la mirada. Pero la magia nunca es eterna y el vals terminó, y ella se deslizo suavemente y mis brazos ya no le tocaron más. Ahora que la había sentido tan cerca me dolía más saberla tan lejos, fue un regalo pero a la vez una desgracia. Era como el sediento al que se le dan a penas unas gotas para saciar la sed que le atormenta. Aquel baile solo fueron unas gotas para mi sed de Nuria.
ABORTO
La noticia me cayó como un jarro de agua fría. Araceli y yo habíamos quedado en nuestro café Vienes a tomar algo, como de costumbre. El otoño frío y húmedo había dejado un ambiente bastante desapacible y entrar en el café reconfortaba. Pero el calor del cuerpo desapareció en cuanto soltó la bomba.
-Orual estoy embarada.
-Felicidades le dije ingenuamente, supongo que eso es lo que se dice siempre que alguién espera un bebé, y francamente creí que ella estaría feliz por la noticia. Se veía que su relación iba bien, llevaban viviendo juntos ya unos meses y bueno, creía que era más que un simple compartir piso.
-Orual he decidido abortar. Lo dijo con tanta seriedad y tanto aplomo que me asustó.
-¿ Por qué? pregunte balbuceante.
-No quiere al niño,él dice que nuestra relación todavía es muy reciente y que un niño no haría más que estorbar. Y yo le quiero y no le quiero perder.
-Estas segura de lo que vas hacer, el aborto en España es un delito, y tu no entras en los supuestos permitidos para abortar.
-Lo sé, pero en Barcelona hay una clínica que se encargan de todo, ellos te hacen los informes médicos donde dicen que tu vida corre peligro y bueno así si puedo abortar.
Yo no sabía que decir, reconozco que para muchas cosas era un libertido, pero un aborto, eso era otra cosa. En el colegio de curas donde estudié nos pusieron una vez el video el grito del silencio, se trataba de un video grabado sobre las distintas técnicas de practicar un aborto realizadas por el Dr. Nathason. Ese hombre tenía el mayor número de clínicas abortistas de USA, cuando el movimiento Pro Life americano le pidieron grabar un aborto el no se opuso, pero cuando vio aquel video se quedó tan aterrorizado de como sufría y se movía el niño que dejo de practicar abortos y se dedico a la lucha contra el aborto. En aquel video se veía perfectamente como el niño de tan solo unos meses se encogía y chillaba cuando se estaba cometiendo el aborto, porque el niño moría y lo sentía, y trataba de escapar de la inyección letal, y de la sierra que lo cortaba, pero no tenía escapatoria. Y se me quedó tan grabado el horror que desde entonces estuve en contra del aborto. Un niño inocente no tenía porque morir porque los padres se hubiesen equivocado.
Miré a Araceli, y la cogí sus manos entre las mías, y ella empezó a llorar. En realidad ella no quería abortar, pero tenía que elegir entre aquel ser sin rostro, sin nombre, solo unas células y el hombre que amaba.
La levante la barbilla y la miré a los ojos, Araceli un hombre que te hace elegir de esa manera no te quiere y no te merece. No abortes, esa no es la solución. O si no ten al niño, dalo en adopción. Pero no abortes.
-No, no puedo tenerlo, no podría soportar pensar que he dejado a mi hijo por ahí tirado.
-Y si puedes soportar matarlo. Es un niño.
-No, no es un niño son unas celulas, solo estoy en el segundo mes de embarazo, el corazón ni late.
-No es verdad Araceli, el corazón ya late, y tiene pies y manos y cabeza. Araceli yo creo que tu novio está asustado, seguramente no sabe que hacer, no lo habeis planeado, pero no creo que realmente quiera que abortes o que eligas.
-Tu no lo entiendes Orual, yo no le quiero perder. Y dicho esto se levantó de la silla, se puso su abrigo y salió a la gelida oscuridad. Yo la seguí pero me pidió que la dejara en paz.
Durante aquella tarde y aquella noche no pude estar tranquilo, una tristeza inmensa me embargaba, una amiga tenía un problema y no podía hacer nada por ayudarle. Ella me necesitaba pero yo no podía estar de acuerdo con lo que estaba haciendo. Pero que podía hacer. Entonces un nombre se vino a mi cabeza, era como invocar al mago Merlin. Nuria.
La llame por teléfono a primera hora de la mañana. Nuria tengo que hablar contigo es muy importante cuando nos podemos ver. Ella tenía turno de tarde así que tenía la mañana libre. Entonces en una hora nos vemos, salgo para allá. Ni siquiera le di tiempo a que preguntara.
Cuando nos vimos estaba nerviosa y asustada.
Le miré a los ojos, a esos ojos suyos tan claro, profundos, sinceros. Y supe que ella era la persona indicada, lo supe, mi corazón lo sabía.
-Nuria tengo un problema, Araceli está embarazada pero quiere abortar, y yo no sé como ayudarla.
-Ha abortar¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Estas loco¡¡¡¡.
-No no a eso no, no consigo que cambie de idea. El novio con el que vive le ha dicho que o él o el niño y ella ha elegido al novio.
-Pero es tonta, el en cualquier momento la puede dejar planta por otra y ella va a renunciar a lo más grande que te da la vida, la posibilidad de engendrar otra vida. Orual hay que hacer algo.
-Por eso te he llamado, tu eres enfermera, a ti te puede escuchar, a mi no creo que lo haga.
Entonces me miró como sólo ella sabía hacerlo, con una sonrisa de oreja a oreja. No sabía que te preocupara tanto la vida de ese niño, no hay mucha gente en contra del aborto. Al contrario, se ve como la mejor solución a un pequeño accidente. La gente no se da cuenta que ahí hay un niño, solo lo ven como algo que nos estorba. Lo peor es que la mujer carga con la culpa del aborto, el hombre no pare, el hombre no siente el niño dentro y el hombre no aborta, pero es él el que impone la tesitura o él o yo, que egoismo.
Lo dijo escupiendo las palabras, y tenía razón, que egoismo, que brutalidad, pero por desgracia era una práctica muy habitual. ¿ Qué vamos hacer?
- Habría que hablar con Araceli y explicarle bien lo que va hacer, los riesgos incluso a los que ella misma se somete, las secuelas que le van a quedar, y habría que intentar hablar con el novio. Si quieres yo puedo hablar con él, una vez hayamos convencido a Araceli.
Yo no podía dejar de mirarla, de oirla, de su coraje para enfrentarse con ese problema, no le importaba enfrentarse a un novio egoista que seguramente no querría ni hablar con ella, que seguramente le contestaría con cuatro frescas. Pero Nuria era así no le importaba lo que otros dijeran si lo que había que hacer era lo justo. Aunque lo justo le acarrease problemas, crearse enemigos...
Yo conseguí que Araceli accediera a hablar con ella, y Nuria le mostró datos médicos reales sobre el aborto, y la tenía casi convencida, pero Araceli amaba a su novio y aquel niño le iba a robar el amor del hombre que amaba y además si decidía tenerlo le iba a tener que cuidar y le recordaría siempre al padre le abandonó y el amor perdido.
Por fín un día conseguimos que el novio hablara con Nuria. Solos ellos dos, no se si fueron sus palabras o los rezos, porque después me confesó que había rezado y echo rezar a mucha gente, pero lo cierto es que el novio de Araceli cambió de opinión, nadie le había explicado como era realmente un aborto. Todavía recuerdo una de las ecografías a las que pude asistir, yo iba a ser junto con Nuria el padrino del niño pues gracias a nosotros el niño vendría al mundo. Y más emocionante fue ver aquellas manitas y la carita del pequeño Daniel el día que nació. Creo que fue lo mejor que he hecho en mi vida.
EL CAPITAN
Los días se fueron sucediendo y las noches negras y largas se iban deslizando poco a poco y Pilarcica se convirtió en un alma en pena, que como un fantasma se deslizaba por la casa. Silenciosa, corvada, pálida y triste. Ella que había sido la alegría de la casa. Ay el amor, que malas pasadas no juegan el amor y el destino cuando se empeñan en separar a los amantes. Pilarcica sabía que rezar por un milagro era inutil pero la esperanza nunca se pierde, aunque a los que se traga el mar nunca se les vuelve a ver. Pero Dios oyó los ruegos y las oraciones y quiso que un día sonara el tiembre de la casa y apareciera el capitán. Pobre Pilarcica casi se muere del susto. Nadie se lo esperaba, habían pasado ya meses, pero a veces los milagros existen. El capitán y otro grupo de marineros habían sido recogidos por un mercante que se dirigía a Dublín. Aquel invierno fue recio en galernas y hasta que no pasaron los fríos no habían podido regresar. Y nadie se había enterado de que estaban a salvo. La alegría fue inmensa en el pueblo, en el muelle, en la casa de abastos, y en el mercado central las pescaderas cantaban su mercancía con otra alegría, otro tono de voz. La dueña de la casa vio como Pilarcica recuperaba su alegría, su color de cara y al cabo de un tiempo descubrió que el capitán también sentía algo por Pilarcica y se apresuró hacer de casamentera. Pero hay veces en que sería mejor dejar hacer al mar y al destino y no forzar a Dios a conceder milagros. Durante un tiempo Pilarcica y el capitán fueron muy felices. Pero el capitán tenía un vicio, la bebida, y la convivencia se fue deteriorando, pero Pilarcica lo soportaba gracias a las largas temporadas que el capitán pasaba fuera. Pero un día ocurrió algo, después de un viaje a las indias el capitán perdió su permiso para pilotar, las malas lenguas dijeron que en el transcurso de una pelea había matado a un marinero, otros decían que una noche que estaba borracho había estado a punto de estrellar el barco contra un arrecife, otros que estuvo a punto de enquillar en un banco de arena, y otros contaban otras historias. Fueran o no fueran cierta las historias, la verdad fue que el capitán no pudo volver a subir a un barco y como todo marinero ansiaba su mar por encima de todo y enloqueció. Cuando Dña. Pilar me contó la historia no pude de por menos sentir lástima por ella, pero ella que parecía que pudiera leer mi alma me dijo " no te preocupes rapaz, la vida es así hay veces en que nos empeñamos en algo y ese algo no es bueno para nosotros. A veces es mejor dejar hacer a Dios y no entrometernos en sus designios, el escuchó mis ruegos porque yo rece mucho y la oración es tan poderosa que cambia el destino de un hombre, la oración puede hacer cambiar el deseo de Dios"
Pero, objete yo, porque si Dios sabía que el capitán te iba a dar tan mala vida porque consintió en que el no muriera, por que le salvó la vida.
Ella me miró con sus ojos jovenes aún y me dijo, bueno a veces Dios nos concede los favores aunque no debería porque insistimos, por que somos sus hijos y nos ama y cede ante nuestra insistencia.
Entonces no es bueno rezar, le respondí, porque si nos concede lo que no es bueno para nosotros rezar es malo.
Bueno tampoco fue malo, gracias a mi capitán yo tengo una casa, unos recuerdos, una pensión. Hubo cosas duras, pero también fui muy feliz. En realidad la culpa de mi desdicha no la tuvo Dios, la tuvo mi capitán que se aficcionó a la bebida, y la bebida es una amiga que pasa factura. Dios no quiso que mi capitán bebiera y me hiciera daño eso lo quiso mi capitán que prefirió su bebida a mi. Tal vez mi rezos le dieron una segunda oportunidad a mi capitán pero él no la supo aprovechar. Dios no es cruel ni malvado, lo somos los hombres que nos empeñamos en no seguir sus caminos y preferimos los nuestros.
No estaba de acuerdo. Dios no tenía corazón por permitir tanto mal, por conceder algo que iba a producir dolor, por dejar que la gente buena sufriera y los malos se salieran con la suya. No definitivamente Dios no era bueno. Aunque para Dña. Pilar y para Nuria Dios era bueno y bondadoso, y una duda me atenazaba el corazón porque no era posible que Nuria estuviese tan equivocada respecto a todo. Si ella era como era, buena, bondadosa, alegre, lo era porque creía, esa era su fuerza y yo deseaba una respuesta al sin sentido de la vida, de la muerte y del dolor. Para que vivía el hombre, solo para acabar siendo un puñado de polvo, que sentido tenía esta vida con todas sus injusticias, si luego no había nada, porque ser bueno, porque ser justo, porque no preocuparse sólo por obtener lo mejor de la vida a costa de lo que sea, porque hay que respetar al otro, si solo existe esta vida, porque no disfrutar en ella lo más que se puede sin limites de ningún tipo, que más da los demás sus dolores, su pobreza, su tristeza, su enfermedad. Y si eso era así porque iba yo a cuidar a una anciana que no era nada mío, hasta haberla hecho parte de mi, y por que si eso era así cuando hacía el bien a alguien me sentía mejor, más feliz.