AVISO PARA NAVEGANTES
Gracias a todos los que visitan mi blogg.
En especial a Ulises, Lady Blue y Greta.
Volveré a la vuelta de vacaciones.
AMISTAD
Aquellos días de hospital me acercaron a la persona de Nuria. Pude conocer mejor sus gustos y ví que increiblemente teníamos cosas en común. Pero también fueron días en los que ella pudo conocerme a mi. Y es curioso por que yo no estaba pasando uno de mis mejores momentos. Descubrimos que a los dos nos gustaba estar juntos y hablar. Aunque muchas veces acababa enfadado con ella. Era tan recta, que a veces me enfadaba conmigo mismo y acababa enfadado con ella. Nuria podría ser una "Beata" pero cuando se enfadaba era como un demonio. Lo que más recuerdo con claridad es que si habíamos peleado ella enseguida me pedía perdón y regresaba a buscarme. No le costaba reconocer que se había equivocado, e incluso alguna vez me pidió perdón por algo en lo que yo era el único culpable. Estaba mal, lo sé pero me gustaba que me buscase, por que eso signficaba que en cierta medida yo le importaba. Y aprendí a pedirle perdón también. Comenzamos a conocernos. Y poco a poco pasó a ser mi amiga y confidente, le contaba todo, incluso más que Araceli. Creo que porque en el fondo sabía que podía confiar en ella, que jamás lo iría difundiendo por ahí y por que cuando me daba un consejo lo hacía sinceramente. Aunque algunas veces sus consejos escocían pues ponían el dedo en la yaga. Me había hecho tan a la idea que ella y Marcos acabarían juntos que el sólo hecho de que fuera mi amiga me bastaba. Consiguió que me abriera como una concha y comencé a contarle toda mi vida, mis líos, mis juergas, mis tonterías y locuras. Aunque muchas veces le contaba cosas para escandalizarla. Me gustaba ponerl en un compromiso. A veces me reía de ella, le tomaba el pelo, exageraba las cosas o contaba aventuras que nunca pasaron. Pero en cuanto el tema empezaba a " tomar cierto tinte" me pedía que no continuara. Y entonces siempre le decía eres ¿una Beata lo sabes? y ella respondía, ¿sólo eso? si es solo eso no me preocupa y se reía. Y a mi me encantaba hacerla rabiar en parte para oirle como se reía de ella misma y en parte porque a pesar de mis burradas ella no me despreciaba sino que seguía siendo mi amiga y estaba ahí. Y saber que seguía estando ahí era lo que mas me gustaba. De todas las mujeres que conocía, era la única que me quería por mi mismo, a pesar de ser todo lo contario a su forma de pensar, a pesar de que había temas de los que no podía hablar con ella, a pesar de que eramos opuestos. Y ella también poco a poco fue confiando en mi y abriéndose y saberme poseedor de sus secretos me hacía sentirme especial.
EL ACCIDENTE
El tiempo fue pasando, de vez en cuando coincidía con Nuría cuando quedabamos todos juntos. Aunque sabía de su vida gracias a Marcos que cada vez estaba más entusiasmado con ella, pero no llegaban a nada serio. Quedaban, iban al cine, cenaban. Pero no terminaban de emparejar. Eso me llenaba de esperanza. ¿ Por qué Nuría no se decidía por Marcos? ¿ Por qué no salían en serio? Era un misterio en el que no quería indagar demasiado por si se me notaba que estaba enamorado de ella. La única que conocía mis secretos sentimientos era Araceli. Ella siempre creyó en mi como persona e incluso me animaba para que intentara mi conquista. ¿ Si no son novios por qué no lo intentas? Pero yo no podía hacerle eso a mi mejor amigo. Tal vez ellos necesitaran más tiempo para dar el siguiente paso, tal vez querían ser buenos amigos sin más, tal vez... y me hacía la cabeza un lío.
Muchas veces no sabemos porque ocurren las cosas, y cuantas desgracias vistas sin unirlas a otros hechos nos parecen terribles. Pero he llegado a la conclusión de que todo ocurre por algo. Aquel día estaba en mi trabajo cuando mi hermana me llamó desesperada, estaba hecha un manojo de nervios y no paraba de llorar. No sabía que era lo que me decía, sólo alcance a descifrar algunas palabras entre sus lloros, Nando, accidente, grave y hospital. Nando era mi sobrino de 7 años, le había atropellado un coche que se había saltado un semáforo en rojo y luego se había dado a la fuga. Cuando llegué al hospital mi sobrino estaba en el quirófano al parecer sufría un traumatismo cerebral severo, tenía rota una pierna y creían que podía perder un riñón. Allí estabamos toda la familia, mis padres y mis hermanas. Mi cuñado se había largado con su secretaria unos años antes y yo era como un padre para Nando. No sé cuanto tiempo tardó la intervención pero a mi me pareció una eternidad. Estabamos agotados por los nervios y la espera. Recuerdo que estaba sentado en una de las sillas del pasillo sujetándome la cabeza con las manos, cuando otra mano cogió una de las mías. Levanté la vista y allí estaba Nuria. La agarre fuertemente la mano, necesitaba su fortaleza, necesitaba su seguridad, la necesitaba a ella. Como jamás había necesitado a nadie. Y ví una ternura infinita en sus ojos, unos ojos que sólo me miraban a mi.
Ella trabajaba en esa planta y cuando me vió se acercó para ver que había pasado, le conté lo poco que sabía. Y aunque no podía entrar en quirófano preguntó algunas de las enfermeras. Todo iba bien, pero había que esperar. Cuando mi sobrino salió de la intervención lo llevaron a la UCI, tenía una hemorragía interna muy importante y estaba en estado de coma. Sólo dejaron entrar a mi hermana unos minutos y después nos aconsejaron a todos que nos fuéramos a casa. Nuria me preguntó si había comido algo. Ese día iba hacer una sustitución de otra enfermera y se tenía que quedar a comer en el hospital me quedé a comer con ella. No recuerdo de que hablamos sólo recuerdo que me hizo bien que estuviera conmigo. Le conté que adoraba a mi sobrino. Los días pasaban y Nando no mejoraba y los médicos daban pocas esperanzas de recuperación, mi sobrino seguía en coma y la hemorragía no disminuía y los riñones estaban comenzando a fallar. Un día ella me sugirió que porqué no rezaba y le contesté que como podía rezarle a un Dios que había consentido algo así con un niño tan pequeño e indefenso. No dijo nada mientrás yo desahogaba toda mi ira contra su Dios, no sé cuantas barbaridades le pude decir, y ella sólo me oía y me escuchaba. No volvió a sugerirme que rezara pero me dijo que sino me importaba ella si lo haría. Le dije que hiciera lo que le diera la gana. Pero en el fondo lo agradecía, si Dios podía escuchar a alguien estaba convencido que sería a ella. Una tarde la situación de mi sobrino se agravó, no se que me impulsó a hacerlo pero bajé a la capilla del hospital, supongo que era desesperación, ya no había mucho que hacer. Allí estaba yo de rodillas en el banco, no había entrado en una iglesia desde que terminé el COU en un colegio de curas. Ni siquiera en las bodas entraba, siempre me quedaba fuera poniendo los globos del coche de los novios o lo que fuera. Pero allí estaba sin saber que decir, a penas me acordaba del Padre Nuestro y como por arte de magia, Nuria apareció. Había ido a verme y mis padres le habían dicho que creían que había ido a la cafetería y como no me encontró supuso que me había ido a dar una vuelta por los jardines del hospital. Había ido a buscarme a los jardines y al llegar a la planta baja decidió entrar un segundo en la capilla. Y me vio allí. Se puso a mi lado sin decir nada. Y derrepente como un niño pequeño comencé a llorar, supongo que por consecuencia del stress, del cansancio, de la incertidumbre y porque me dolía perder a mi sobrino. Nos sentamos en el banco y me abracé a ella, era mi tabla de salvación entre tanto dolor. No sé cuanto tiempo permanecí abrazada a ella, pero sentí toda su ternura y mi corazón pareció esponjarse. Luego nos quedamos un rato en silencio y ella me dijo que porque no rezabamos un Ave María a la Virgen que ella era mandre y nos comprendería. Yo no recordaba la oración, que ella fue desgranando poco a poco. Me volvió a sonreir y me dijo, estoy segura que la Virgen nos va a ayudar. Entoncés le contesté a mi no creo que me escuche, no creo en Dios.
Se sonrió y me dijo si crees sólo que lo has tenido tan abandonado que ya no te acuerdas, pero Dios está más dentro de tí de lo que tu mismo imaginas.
Al poco mi sobrino comenzó a mejorar, mi madre decía que había sido por las oraciones. Yo no lo creía. No me convertí ni mucho menos. Mi sobrino permaneció en el hospital un mes, y todos los días veía a Nuria.Pero aquellos días de hospital me unieron a Nuria, nos veíamos todos los días, y yo procuraba ir a ver a mi sobrino en las horas que ella tenía su turno. Mi sobrino la adoraba, decía que era la enfermera que mejor le sacaba la sangre y le llamaba la reina de las enfermeras.
Leí una vez que el sentido del presente y del pasado solo se conoce en el futuro y creo que aquel accidente de tráfico no fue tan malo.
AMOR Y SACRIFICIO
Kepa salió del hospital y quedamos todos para celebrarlo. Habíamos reservado una mesa en un restaurante modesto pero donde se comía bien y por poco dinero. Cuando llegué Kepa, Patricia y Araceli ya estaban allí. Busqué a Nuria pero no había llegado, y Marcos tampoco. Entonces volví a sentir aquella punzada que estaba empezando a serme tan familiar. Al cabo de un rato llegaron juntos. Pidieron algo de beber. Nuria como siempre coca cola light, decía que le gustaba más el sabor, que le importaba poco lo de las calorías. Y la verdad es que tenía un buen saque comiendo. No era para nada la típica histérica en mantener la línea. Aunque siempre decía que tenía un par de kilos de más, pero nadie podría catalogarla de gorda, rellenita o algún adjetivo de estos. A mi gustaba como era así sin más. Todos hicimos tiempo charlando un rato y me busque una postura desde la que pudiera oirle la conversación pero desde no pudiera verme la cara. Tenía la completa seguridad que si me miraba se daría cuenta de cuales eran mis sentimientos. Fueron llegando el resto de los amigos. De vez en cuando escudriñaba a Marcos por ver si cogía de la mano a Nuria o si le hablaba al oido o si le pasaba un brazo por la cintura. Algún gesto que delatara que ya habían empezado a salir juntos. Después de un rato pasamos al comedor. Lo malo de las cenas con más de 6 personas es que las mesas en las que te sientas suelen ser alargadas y al final sólo mantienes la conversación o bien con la persona que se sienta delante o la que esta a tu lado. Nuria se sentó a mi lado, desde ahí no tenía que mirarla de frente. Estaba sonriente y poco a poco nos fuimos aislando del resto y acabamos hablando los dos solos. Marcos se había sentado lejos porque había dejado mal aparcado el coche y si alguien tocaba el claxon tendría que salir. Aquella primera conversación fue un desastre, descubrí que me gustaba la forma de ser de una mujer que no tenía ninguna aficción en común conmigo. Sólo coincidíamos en que nos gustaba el mar y leer. Aunque no compartíamos tampoco ni los autores ni los libros. Comenté algo sobre nuestras desavenencias y ella comenzó a reirse, con esa risa cristalina que tanto me gustaba. Y me sentí transportado al paraiso. Ella se divertía conmigo, con mis ocurrencias, con mis chistes malos, con mis juegos de palabras. No estaba todo perdido. Cuando la cena terminó Nuria dijo que tenía que irse que al día siguiente trabajaba. Pensé que Marcos iba acompañarla pero en realidad no habían venido juntos. Nuría había ido en su coche y Marcos en el suyo. Se habían encontrado a la entrada del restaurante. El resto nos fuimos a tomar un par de copas por ahí y acabamos en un bar cerca de la playa. Miré el reloj y decidí que ya era hora de volver a casa, no tenía muchas ganas de estar allí. Marcos también abandonó la fiesta- Venga te acerco a casa.
Marcos estaba feliz de ver que habíamos hecho la paces Nuria y yo.
- Es buena chica, sólo que aquel día no se que te pasó tío.
- Yo tampoco, pero bueno ya está todo aclarado. Por cierto que tal tus planes con Nuria. Quería sondear a mi amigo.
- ¿ Qué planes?
- Joder tío, no te hagas, Araceli dice que vas a ir en serio.
- ¡ah eso!. Sólo hemos salido un par de veces a tomar café y el otro día al cine.
- ¿Y que visteis? Cuando Nuria y yo descubrimos que teníamos tan poco en común dejamos de buscar temas y nunca llegamos a trata el tema del cine. Tal vez ahí podríamos coincidir y no fuera todo tan descabellado.
- Te vas a reir.
- Venga tío, cual peli.
- Harry Potter.
Me reí, no veía a mi amigo Marcos viendo Harry Potter. Lo que hacía el amor.
Marcos me acercó a mi casa y mientrás estaba tirado en mi cama intentando conciliar el sueño varias ideas empezaron a rondarme la cabeza.
Marcos era capaz de soportar Harry Potter porque Nuria era feliz viendo Harry Potter. Y me dí cuenta de que no me habría importado haber ido a ver Harry Potter si con ello yo también hubiera conseguido que ella fuera feliz. Ya no importaban mis gustos, y que no tuvieramos mucho en común. Estaba empezando a ver que lo importante no era tanto mi yo, sino el tú.
Cuando nos hablan del amor, siempre tenemos la idea de que es algo que nos hace sentirnos bien, pletóricos. Algo que nos da un sentido pleno a la existencia. Pero nadie te habla de lo que implica el amor EL AMOR.
El amor auténtico en realidad estaba más bien unido a la palabra renuncia. Cuando se ama de verdad, renuncias a tus gustos, no como una concesión o como un desgarro, no es una derrota, es una entrega del yo, pero por amor, por el otro. Ahí estaba la clave para ser feliz.
La persona realmente enamorada no busca tanto verse satisfecho y cumplidos sus deseos, ya sean carnales, afectivos o las ansias de felicidad, no, la persona enamorada antes que el yo busca que el otro sea feliz. Por amor se es capaz de cualquier sacrificio. Incluso del sacrificio que supone renunciar a la persona amada.
Nunca antes había pensado así, siempre había creido que el amor era que el otro colmara tus expectativas todos tus deseos, y así me había ido hasta entonces. Había ido de un lado para otro en cuanto al amor se refería. De hecho siempre había termiando una relación con una sensación de hastío, de cansancio, de vacio. Por que siempre había exigido que ellas me satisfacieran. Ahora mi percepción del amor era distinta y entonces me di cuenta que era capaz de renunciar a Nuria si su felicidad era estar al lado Marcos. ¿ Por qué tendría que ser yo su destino? Y aquel pensamiento en vez de hundirme en la tristeza ante la idea de perderla me llenó de una paz que hacía mucho tiempo no sentía. Me dolía pensar que no fuera para mi pero dentro ya no tenía ira, solo paz. Y descubrí que EL AMOR va unido al sacrificio y estaba dispuesto a renunciar a ella por su felicidad, aunque nunca lo supiera.
DESCUBRIMIENTO
Salí del café Vienés sin rumbo fijo. Sólo necesitaba aire fresco y poner en orden mis ideas, pero sobre todo mis sentimientos. ¿ Qué me estaba pasando? ¿ Por qué tenía celos de Marcos, de Kepa, de Araceli? ¿ Por qué pasaba de la alegría eufórica a la desesperación más absoluta?
Mis pies me llevaron solos hasta mi lugar favorito, el paseo marítimo. Me gusta el mar, sentarme y contemplarlo. Cuando necesito pensar o estar solo me gusta pasear cerca del mar. Había anochecido y algunas estrellas empezaban a brillar en el cielo. Me senté y mire hacia la inmensa oscuridad que se extendía delante de mi. El murmullo de las olas al romper seguía un ritmo lento y acompasado. Entonces me enfrenté a mi mismo y a mis miedos. Había llegado el momento de afrontar mi realidad. Hasta ahora no había querido pensar, no quería aceptar lo que en el fondo ya intuía. Analice mis sentimientos. Ultimamente era un inestable emocional, ya no era frío ni calculador. Mi interior era un continuo vaiven como las olas que se estrellaban a mis pies. Con claridad un nombre se abrió paso en mi pensamiento NURIA. Ella la causa de mi desasosiego.
Retrocedí al comienzo de todo. Aquella noche en que me convertí en el burlador burlado. ¿ Por qué había iniciado un acoso y derribo contra ella? ¿ Sólo por qué una broma no había salido bien, sólo por la presión de mis amigos? Si y no. Si, mi orgullo había resultado herido, pero en realidad me sorprendí descubriendo que me había gustado su actitud, me había gustado que fuera íntegra y fiel a sus principios, su valentía y fortaleza, y lo peor de todo, me encontré descubriendo que en realidad aquella noche yo me había encontrado inseguro y nunca antes había estado inseguro ante una mujer.
Seguí pensando en el resto de los sucesos acaecidos con Nuria. Y recordé con completa nitidez la noche de la borrachera. Y descubrí que me fascinó la decisión de Nuria para llevar a Araceli a su casa, su osadía para gritarnos en nuestras narices que no nos podíamos llamar amigos, pero sobre todo, que tenía un corazón de oro, que era capaz de pensar en los demás antes que en si misma. Ella no le debía nada a Araceli y le llevó a casa. Y recordé su sonrisa mientrás le peinaba y ví una ternura especial. Y aquella mezcla de resolución, fortaleza y ternura me conquistó. Y me dí cuenta que desee con todas la fuerzas de mi corazón ser acariciado por aquellas manos y ser el objeto de aquella sonrisa. Por eso no pude soportar que tocara a Marcos. Que mi amigo hubiera podido sentir sus manos sobre su piel. Y descubrí que estaba celoso de Marcos, por eso y porque había el había aprendido antes que yo lo valiosa que era ella. Y recordé que me había estremecido cuando sus manos me saludaron al final de mi intento de acoso y derribo, y que el roce de sus dedos cuando me bajé de su coche me había llevado a la felicidad. Y descubrí sin ningún genéro de dudas que Nuria se había adueñado de mi voluntad y de mi razón. Que cuando ella aparecía mi yo se diluía. Un yo que se revelaba ante la idea de desaparecer para pasar del yo al tú. Para dejar de pensar en mi mismo para pensar en ella. Y me pregunté si aquello era el amor verdadero. Y lo que yo hasta ahora había llamado amor sólo había sido deseo y pasión, pero no EL AMOR.
DESCUBRÍ QUE ESTABA ENAMORADO, pero tenía la total seguridad de que era un imposible y aquello me atormentaba. Deseaba ser amado y amar, aunque eso supusiera entregar todo mi yo.
CARA Y CRUZ
Aquella semana fui varias veces al hospital a ver a Kepa. Aunque mi verdadera intención era que deseaba volver a ver a Nuria. Ya no podía llamarle de otra forma. Pero ella tenía turnos corridos y no la encontré ningún día.
Araceli me llamó una tarde para que tomaramos un café y hablar de todo y de nada. Me gustaba conversar con ella. No sé en que momento nuestra conversación dio un giro y nos encontramos hablando de Nuria. Que le había juzgado mal, en realidad porque se había dejado llevar por los celos absurdos. Ahora que Kepa ya no estaba en su punto de mira la Beata había dejado de ser una enemiga. Araceli seguía llamandole así. Además Marcos le había contado que nuestro juicio sobre ella había sido equivocado.
Marcos. Me había olvidado que Marcos estaba interesado en Nuria. Y sentí una punzada dolorosa y profunda en el corazón. En aquel no momento no supe descifrar aquel sentimiento, luego analizando las cosas me di cuenta que eran celos. Yo que jamás había sentido celos, sentía que la sangre me hervía por dentro. Marcos. Estaba conociendo la cara y la cruz. Quería saber más, conocer hasta que punto Marcos estaba interesado en Nuria y si ella le correspondía.
- ¿Crees que Marcos va en serio?
- No sé pero parece que está bastante ilusionado con la Beata.
- Ah ¿sí?, Intenté hacerme el sorprendido, y ¿ Crees que tiene alguna posibilidad de que empiecen a salir juntos?.
- Supongo que si. Además Marcos es más del estilo de la beata, no se parece a ninguno de nosotros dos, que de seguro le parecemos las persona más inmorales y pecadoras del mundo.
Lo dijo riendo, pero aquel comentario me hizo daño. Me dolió pensar que ella pudiera tacharme de despreciable, que al final simplemente actuara por pena. Araceli seguía hablando, pero yo ya no le escuchaba, seguía un monólogo interior. Marcos era mi mejor amigo. No era tan loco como yo, de hecho era bastante conservador, había tenido uno o dos ligues, pero nada serio, iba de vezn en cuando a misa. Lo único repochable de su vida era haberse emborrachado una par de veces, no había probado jamás las drogas, aunque yo tampoco, sólo un peta en la uni y me sentó fatal, no fumaba. Había tenido buenas notas en la carrera y tenía un buen trabajo. Era un buen tío. Aunque por su culpa comenzó la broma con los besos. Y ¿yo? Qué podría tener yo que le agradara a Nuria. Había tenido una vida bastante loca y desordenada en muchos aspectos, no era para nada creyente, me había burlado de ella y no una vez sino repetidas veces. Y entonces me arrepentí como nunca jamás lo había hecho antes de la vida que había llevado. De todas las locuras que había cometido, de todo el daño que había hecho a la gente. Seguía si entenderme a mi mismo y cada vez estaba más confundido, pero además ahora pasaba del enfado, a la alegría y de esta al dolor y los celos. Y me sentí insignificante.
De pronto la voz de Araceli me devolvió a la realidad. " Un penique por tus pensamientos"
Oye no me estas haciendo ni caso.
- Perdona estaba despistado.
- Si ya lo he notado ¿ Qué te pasa?
- ¿A mí? Nada por qué.
- No por nada, es que estas como en otro mundo. Por cierto ya me contó Marcos que habías hecho las paces con la Beata.
- Al parecer es vox populi.
- Marcos dice que a Beata le sorprendió bastante que le dieras la mano en son de paz.
- La verdad es que me salió así sin más. Pero lo raro fue que ella parara a recogerme después de como le he tratado últimamente.
- Bueno supongo que influiría lo que Marcos habló de tí. Marcos le contó como había empezado la broma de los besos.
- Entonces estos van en serio ¿no?
-¿ Estás celoso?
- ¿ yo, de qué?. A mi como si no salen.
Se dice que las mujeres tienen un sexto sentido y estaba empezando a creer en él. Como era posible que Araceli hubiera descubierto en dos minutos lo que yo llevaba tiempo dándole vueltas.
- Ey¡¡ no pasa nada. Tal vez Marcos no debió cometarme nada, pero esta tan ensimismado con la bondad de la Beata que me cuenta todo lo que hace y dice, y parece ser que Nuria no quería estar a disgusto contigo, tu eres el mejor amigo de Marcos.
- La verdad me importa un comino lo que piense de mi la Beata.
Mi mala leche había vuelto aparecer. Había pasado de cantar bajo la lluvia a sentirme en el infierno. Estaba comprobado la cara y la cruz de la moneda.
CANTANDO BAJO LA LLUVIA
Baje del coche con el suave roce de sus dedos en mi piel. Seguía lloviendo pero no me importaba. Me sentí como Jim Kelly en la memorable escena de Cantando Bajo la lluvia. Sólo me faltaban el paragüas y una farola. Cómo era posible que un simple apretón de manos, otra vez, pudiera producirme sentimientos tan encontrados. Llegué a la conclusión de que sus manos tenían un poder especial. Las había sentido fuertes y seguras, las había sentido debiles y doloridas y ahora las había sentido llenas de esperanza. Si eso era, esperanza. ¿Por qué me importaba tanto lo que acababa de pasar? No lo sabía. Solo sabía que estaba feliz.
UNA PARADA DE AUTOBUS
La operación de Kepa fue un éxito. Estuvo hospitalizado durante unos días y, aunque yo odiaba los hospitales, él era uno de mis mejores amigos me acerqué a verle. Le había llevado unas revistas sobre coches y estábamos haciendo risas sobre las fotos que suelen que mandan los lectores cuandro entró la Beata. Ella y yo nos miramos y los dos nos quedamos sorprendidos. Enseguida ella se dirigió a Kepa y le comentó algo como que ya le quedaba poco de estancia y que se le veía con buen aspecto. Fueron solo un par de minutos, se le veía incómoda y volví a sentirme feliz, me disgustaba su fortaleza y yo me sentía mejor viendo su debilidad. Cuando salió, Kepa me dijo: Te tendrías que ver parece que hubieras visto al mismisimo demonio. Si las miradas matasen hoy en la morgue del hospital tendrían dos muertos más.
Iba a contestarle algo pero en esos momentos entró una enfermera con la comida y me tuve que marchar.
Cogí el ascensor que sólo estaba autorizado para el personal. Las puertas se abrieron y dentro había un grupo de mujeres, supuse que enfermeras que salían del cambio de turno, reían ruidosamente, no les presté atención hasta que una de las voces me resultó familiar y allí entre aquellas mujeres vi a la Beata. Entonces nos miramos durante una milésima de segundo, después ella volteó su cabeza y siguió riendo con sus compañeras. Y me gustó su risa. Si tuviera que describirla cristalina y franca serían los adjetivos. Llegamos a la última planta y nos bajamos. Ella se dirigió al parking y yo hacía la parada del autobus. Había empezado a llover y justo cuando llegaba a la verja del hospital pude ver que el autobus estaba en la parada, eché a correr, pero no pude alcanzarlo. Joder¡¡. Era domingo y los domingos el autobus sólo pasaba cada media hora. Tenía dos opciones, volverme andando a casa y calarme hasta los huesos o esperar en la marquesina hasta que llegara el siguiente autobús. Lo primero era una locura porque la lluvia empezó a caer con más intensidad asi quedecidí quedarme a esperar. Al menos mi amigo me había dejado el Marca. Estaba allí cuando un coche se paró tocó el claxón y alguién desde dentro me hizo gestos para entrar. El cristal estaba un poco empañado y hasta que no estuve sentado no me percaté de quien era el conductor. No podía ser, ¡¡ otra vez ella!!
Una vez era posible, dos casualidad, pero tres veces la Beata en el día era demoníaco. ¿ Por qué el destino estaba tan empeñado en que me tuvise que encontrar con ella? No sabía si bajarme o permanecer en el asiento, pero fuera había empezado a jarrear y era mejor estar dentro de un coche a resguardo aunque fuera con la mujer mas odiosa del mundo que con el orgullo en alto y una buena pulmonía. Apenas me miró y me preguntó que a donde me llevaba. Circulamos en silencio, ni siquiera llevaba la radio puesta. Yo de vez en cuando le miraba de reojo, y viéndola de cerca y detenidamente me di cuenta que no era fea, no era una belleza, desde luego, pero tenía algo. Llegué a mi destino y entoncés le espeté a bocajarro " ¿ Por qué te has ofrecido a traerme?" Ella se sobresaltó al oir mi voz, seguramente no esperaba que le fuera a preguntar algo. Aunque para ser sinceros yo también me sorprendí de oirme a mi mismo, esa pregunta había rondado en mi cabeza durante el trayecto pero no pensaba preguntarselo.
Me miró y me dijo
- La verdad, no lo sé. Ví como se iba el autbus y como corrías detrás de él aunque no pensaba pararme. Supongo que me diste pena.
¡¡Pena!! Le habría gritado que se metiera su pena por donde le cupiera pero mi voz me volvió a traicionar y pronuncie un ¡¡gracias!!.
Me sonrío tímidamente y me dijo - De nada.
No sé porque no abrí la puerta y me bajé. Permanecí allí y girando mi cabeza hacia el asiento trasero le dije- veo que pudiste limpiar el vómito de Araceli.
-Si fue fácil lo llevé a la casa.
Y allí seguía yo sentado, era como si algo dentro de mi me hubiese pegado al asiento. Entonces extendí la mano, ella me la miró desconcertada y se echó a reir. ¿ Me estas proponiendo que firmemos un armisticio? Yo también me reí, y por primera vez en mucho tiempo me sentí bien y en paz a su lado y afirmé con la cabeza, entonces ella cogió mi mano y la apretó. Y me gustó sentir su mano entre la mía.
NO PENSAR
No pensar esa es la mejor arma que existe en el mundo. Si quieres dominar a los demás consigue que no piensen, que no sepan, que no tengan conocimientos, que nadie se pregunté la razón de las cosas.
No pensar, eso era lo que yo me había planteado. No quería indagar en mis por ques. Pues en el fondo temía descubrir que estaba haciendo mal las cosas, descubrir que estaba equivocado y tendría que pedir perdón y rectificar, que tenía que cambiar. Y no quería reconocer que había obrado mal.
Equivocarse es cosa de todos pero rectificar es de sabios y yo no era un sabio. En el fondo no quería pensar porque no quería que mi conciencia me hiciera ver que estaba mal mi actitud. Para mi el bien y el mal lo marcaba yo. Aunque estaba empezando a dar cuenta que no era cierto.
El CAFE VIENES
Cuando ganábamos un partido nos ibamos a celebrarlo. Aquel día habíamos quedado como siempre en el café Vienes, pero con lo de Kepa no teníamos mucho que celebrar así que sólo nos encontramos Marcos y yo. Patricia, la hermana de Kepa, le había llamado a Marcos para decirle que al día siguiente le operaban. Recuerdo que hablamos de que aquello nos parecía una faena y que tardaría en jugar. Entonces Marcos comentó que cuando los dos mastodontes le habían caído encima y había quedado en el suelo tumbado pensó que se había roto la clavícula, pero que el balsamo de tigre que le había aplicado la Beata realmente había sido eficaz y que era una lástima porque no sabía donde había dejado la caja.
Marcos era mi mejor amigo, nos conocíamos desde parvulario, habíamos estudiado juntos hasta que en la universidad elegimos carreras diferentes. Y ahí estaba hablandome de la dichosa crema. Mi curiosidad hizo que quisiera saber porque Marcos había cambiado respecto a la Beata, la idea de que solo era por agradecimiento no me convencía ni a mi mismo.
¿ Oye y para que quieres tu la caja de la peste esa?
Era buena tío, en serio, no me ha vuelto a molestar el hombro.
Era buena la plasta o fue bueno el masaje ¿Eh?, tiene morbo que te sobara la beata ¿no?
Tu estas enfermo Orual.
Vaya que decepción pensé que había sido excitante el masaje.
Eres un cabrón, y para tu curiosidad sí da muy bien los masajes.
Conocía aquel tono de voz de Marcos, era el que utilizaba cuando algo le molestaba. Y cuando estaba molesto era más fácil sacarle la información. Y yo quería saber por qué había cambiado. Y eché un ordago a la grande.
- Marcos ¡¡ a ti te gusta la Beata!!.
Mi amigo me miró y ví en su mirada una furia que no conocía. Y me espetó en toda la cara ¡¡Sí me gusta, que pasa!!.
Me quede paralizado por unos segundos, le gustaba. Ella le gustaba. Como era posible.
-Pero tío tú estas mal, yo creo que el balsamo ese te ha trastornado.
Mi amigo se sonrió y me dijo, es posible, pero no creo que tu puedas entenderlo.
Entender, que tenía que entender ¿ qué se había vuelto loco?.
-Pero tío en serio ¿qué le ves, si no tiene nada?
-No es lo que veo, sino lo que no se ve lo que me gusta de ella. Araceli me contó que le había llevado a casa cuando se cogió aquel pedo en el cotillón.
- Oye que yo también le llevé a su casa y espero que no te enamores de mi por eso.
- Ya te dije, no ibas a comprender.
- No tío claro que no entiendo, como voy a entender que mi mejor amigo hace unos meses quisiera burlarse de ella y luego porque ha metido a Araceli a su camita y a ti te ha dado un masaje estes apijotado con ella.
- Orual conozco a Nuria de más de eso.
- Ah ¿sí? ( Algo me había perdido).
- Estos meses he estado instalando una aula informática de la Fundación la Caixa en la planta de pediatría del hospital donde trabaja Nuria. ¿Cómo te crees que Araceli consiguió la dirección para mandarle el ramo?
- ¿Tú le diste la dirección a Araceli? Creí que había sido Kepa.
- Yo le comenté a Araceli que me había encontrado varias veces con Nuria en el hospital y que no entendía porque la odiaba tanto, que Nuria no era como ella decía. Que yo la había visto como trataba a los niños.
Las piezas del puzzle empezaban a encanjar, Araceli había oido a un enamoradizo Marcos hablarle de Nuria, por eso aquella tarde dijo lo de mandarle flores. No se había convertido por arte de magia, y Marcos tampoco. Por eso Nuria le dió el masaje en el vestuario. Ahora resultaba que todo el mundo conocía a una Beata que yo no conocía.
- Oye cabrón porque no me contastes nunca que trabajabas con la beata.
- Y para que, ¿ para que te volvieras a meter con ella?. Sabes, eres tu el que no esta bien, no entiendo porque por lo de los dos besos no puedes ni verla.
Me quede callado yo tampoco lo sabía. Era la eterna pregunta ¿ Y por qué?
PERPLEJIDAD
Cuando llegué a casa y saqué todo de la mochila ví la cajita roja, la sostuve entre mis manos y me quedé mirando. Entoncés una palabra cruzó por mi mente.
Perplejo, en realidad no era una palabra, era un sentimiento. Así es como me sentía. Ni yo mismo sabía que me estaba pasando. De la noche a la mañana me encontraba enfadado contra todo y contra todos y no sabía por que. O en parte si lo sabía pero no quería aceptarlo. No podía aceptar que todos mis amigos fueran cayendo, uno a uno, en las redes de la Beata.
Me negaba a llamarle Nuria. Utilizar su nombre era hacer que fuera personal y cercana y no quería. En el fondo sentía que yo también estaba bajo su influjo, pero era un vago presentimiento. En el que si no pensaba demasiado tenía el convencimiento de que no cobraría vida.
Sólo una cosa tenía clara, ver a la Beata u oir hablar bien de ella, me sacaba de mis casillas. Y más si los que hablaban bien de ella eran los que antes se habían reido o burlado. ¿ Qué les estaba pasando a todos? ¿acaso era yo el único cuerdo del grupo?. Empecé a razonar para convencerme a mi mismo de que eran los otros los equivocados.
- Araceli le estaba agradecida porque para una mujer estar borracha y vomitando es dar un espectaculo bochornoso y la Beata se lo ahorró en parte.
- Marcos le estaba agradecido porque le había aliviado el dolor del hombro.
- Kepa y su hermana eran como de su familia.
En realidad lo que les pasaba es que en cierta forma todos le debían algo a la Beata y no tenían otra forma de pagar que no metiéndose con ella. Yo no le debía nada, ni siquiera dos besos. Dos besos, ahí estaba la clave de todo.
¿Por qué dos besos me hicieron ponerme de aquella manera?. Y descubrí que en realidad la Beata había sido fiel a sus ideas y no había sucumbido a la presión del ambiente o a lo que los demás fueramos a pensar de ella. Fue su integridad lo que me hizo saltar. Hasta aquel día siempre creí que todo el mundo se vendía, que nadie era íntegro y fiel a sus ideas. Todo el mundo se compra y se vende, por caer bien, por obtener un mejor puesto, por mantener unas amistades. Todo el mundo tiene una razón para hacer lo que hace, incluso el que hace el bien lo hace por que aquello le reporta un beneficio. Pero mi teoría no funcionaba con la Beata, ella estaba por encima de todo aquello. Y me di cuenta que al haberle seguido el juego a Marcos me había traicionado a mi mismo, realmente yo no había tenía ningún interes en conocerla y pase de no querer saber de ella a amargarle la existencia. Miré otra vez aquella cajita roja que sotenía entre mis manos, como buscando en ella el por qué de mi perplejidada.
BALSAMO DE TIGRE
Aquel sábado teníamos partido. Marcos, Kepa y yo formábamos parte de un equipo de futbol amateur y participábamos en una liguilla con otros equipos provinciales. Aunque estábamos federados sólo contabamos con la equipación que pagabamos de nuestro bolsillos, no teníamos sponsor ni campo de futbol fijo ni nada.
De los enfrentamientos siempre había choques que deseábamos más que otros, sobre todo si el año anterior te habían dado una paliza, porque entoncés había ganas de revancha. Y este era el caso.
El día había amanecido lluvioso y el terreno de juego estaba embarrado, todo hacía presagiar una verdadera batalla campal.
Empezó el partido, los adversarios eran duros. No tanto por que fueran buenos, que también, sino porque tenían un juego muy sucio. Su fama era tan conocida que a los enfrentamientos con este equipo se solía llevar a alguien que supiera un poco de medicina pues se solía necesitar. Pero nuestro amigo médico estaba de guardia en el hospital y no había podido venir.
Al menos el arbitro estaba intentado ser imparcial, pero eso no evitó las patadas, agarrones, empujones y demás canalladas. El partido transcurría sin ocasiones de gol. Faltaban pocos minutos para el final de la primera parte, y en un corner dos jugadores del equipo contrario, al ir a rematar el balón, cayeron sobre Marcos. Este se quedó tirado en el terreno de juego durante un tiempo, y el arbitro paró el partido. Marcos respiraba con dificultad y le dolía bastante un hombro. Se retiró del campo y se dirigió hacia los vestuarios dolorido. Alguién comentó que tenía unas aspirinas.
Al poco se pitó el fin de la primera parte que terminó con empate a 0. Nos encaminamos hacia los vestuarios, cansados,mojados y llenos de barro. Y allí estaba Marcos con la Beata. La Beata solía ir a ver los partidos, sobre todo si iba la hermana de Kepa. Marcos estaba sin la camiseta y la Beata le estaba dando un masaje en la zona del hombro dolorida. Araceli decía que seguro que jamás había tocado a un hombre. De hecho la Beata era enfermera de pediatría. Pero allí estaba ella dando un masaje a Marcos. Y no pude evitar que otra vez mi ira, mi odio o lo que fuera volviera a salir y le dije a Marcos
"Oye tío ten cuidado que si te despistas esa te mete mano"
Ella se giró, me miró y me dijo " ¿se puede saber que demonios te pasa conmigo?"
" uy uy uy, que miedo, la niña se ha enfadado"
Entonces me dio la espalda se dirigió a Marcos y le entregó una cajita roja mientrás le decía, " si te duele aplicate de esto".
Cuando se fue del vestuario Marcos también se dirigió hacia mi " oye tío, en serio, ¿ qué te pasa con Nuría? Sólo me estaba dando un masaje con una crema, te has pasado joder"
La verdad es que ni yo mismo sabía que me pasaba. Pero siempre que ella estaba delante me disparaba. Y eché balones fuera, "oye ten cuidado con lo que te ha dado, que te estas convirtiendo en su mas ferviente defensor, Nuria"
" Eres un gilipollas solo es un balsamo de tigre para dolor del hombro"
" y te fías de un balsamo de tigre, tío estas fatal"
" Orual me fió de Nuria, para eso es enfermera"
" Será lo que quieras pero esa cosa huele a mierda"
" Pues es como el reflex".
Terminó el descansó, y ya sea porque realmente el balsamo de tigre tenía poderes casi milagrosos, sea porque yo estaba lleno de ira y Marcos también estaba enfadado, o porque tenía ganas de vengarse de aquellos dos mastodontes, en el segundo tiempo salimos más agresivos. Por fin Kepa se hizo con el esférico realizó un par de regates. Todo indicaba que iba a meter gol, cuando uno del equipo contrario le hizo una durísima entrada por detrás, que le costó una rotura de ligamentos cruzados. Kepa se retorcía de dolor y enseguida nos dimos cuenta que aquello era grave. Y allí apareció otra vez La Beata. El arbitró expulso aquel bestia del partido y se pitó el penalty y metimos el único gol del encuentro.
Kepa acabó en el hospital. Y en los vestuarios solo pensábamos como estaría. Cuando ya nos ibamos a ir vi una cajita roja, era la caja del bálsamo de tigre que la Beata. Entonces tuve celos de Marcos, de Kepa y hasta de Araceli, tuve celos de todos aquellos a los que Beata les había dedicado su atención. A pesar de que ninguno se había portado bien con ella. Pero sobre todo tuve celos de Marcos. El era el que me había provocado el día del acoso y derribo y ahora se dejaba curar. Era un hipócrita. Entoncés en un acto reflejo cogí la cajita y la guardé.
EL RAMO DE FLORES
Nadie supo nunca que la Beata había llevado a Araceli a su casa y se había ocupado de ella. Nadie salvo Araceli y yo. El día de reyes habíamos quedado a tomar un café y hablar, entoncés Araceli me preguntó ¿ El día del cotillón quién me llevó a casa? Yo contesté que había sido yo. Pero Araceli se me quedó mirando y me dijo, tu y quién más.
¿ Quién más?
Sí, alguien más estuvo contigo y fue una chica.
Cómo lo podía saber, yo no le había dicho nada a nadie y además la historia de haber llevado a Araceli a su casa corrió como reguero de polvora y las chicas de la panda empezaron a valorarme más, había hecho un acto de galantería y todas pensaban que tenía corazón y sensiblidad y no quería perder la nueva popularidad entre las féminas.
- No te hagas el tonto conmigo, mira Orual te conozco, y tu jamás me habrías puesto una manzanilla, ni me habrías limpiado la cara, ni puesto el pijama. Como mucho me habrías quitado el vestido y metido en la cama, pero no me habrías quitado la braga y sujetador y los abrías limpiado y dejado a secar en el baño.
Yo no me había fijado en esos detalles. Así que no me quedó más remedio que contarle la verdad. Que había sido la Beata. Entonces Araceli se quedó muy callada y me dijo ¿ en serio fue ella? Asentí con la cabeza. Y volví a odiar a la Beata, porque Araceli en vez de enfadarse y hablar pestes de ella me dijo, debería mandarle un ramo de flores para agradecerle lo que hizo por mi.
Me había callado lo del devuelto en el coche para no avergonzarla más y una satisfacción me invadió, con un ramo de flores no se pagaba la limpieza de una tapicería. Si la Beata era tan buena que pagara ella la limpieza.
Araceli mandó el ramos de flores al trabajo de la Beata, iba sin firma solo una frase, gracias por llevarme a casa.
UNA COPAS DE MAS
Era el último día del año, como siempre el grupo decidió irse de cotillón a la casa de unos amigos. Era más barato y mucho más divertido que estar entre una multitud de gente desconocida. Aunque como inconveniente estaba que las oportunidad de ligar se limitiban bastante, porque casi todas las chicas interesantes estaban pilladas, pero lo importante era pasarlo bien.
Alli estabamos todos, Marcos, Kepa, Araceli, la hermana de Kepa y como no La Beata.
Había pasado mucho tiempo, no recuerdo cuanto, desde mi acoso y derribo y por aquellas fechas ya ni me acordaba de la Beata. Araceli seguía sin conquistar a éste y había empezado una relación con un jefe del trabajo, un tío con bastante pasta, aunque no perdía cualquier oportunidad que se le presentaba para intentar conquistar a Kepa, que estaba más preocupado por sus oposiciones que por Araceli.
La fiesta transcurrió como todas, para la hora de las uvas estabamos todos bastante bebidos. Araceli se había pasado bastante y empezó a devolver en medio del salón. Todos nos empezamos a reir de ella, que cada vez se estaba poniendo peor. Entonces intervino la Beata. No tengo los recuerdos claros, pero creo que se la llevó al baño y le limpió el vestido y la ayudó a terminar de devolver y luego puso encima del devuelto unos papeles.
Lo que si recuerdo con claridad es como se dirigió a nosotros diciéndonos que Araceli estaba mal y que sería bueno llevarla a casa. Nosotros no la hicimos ni caso, Araceli ya se había pasado otras veces y nunca había sucedido nada, para que preocuparnos. Pero entonces la Beata nos miró a todos con verdadera furia y gritó alzando la voz por encima de la música que resonaba en la habitación " Y VOSOTROS OS LLAMAIS AMIGOS, SOIS UNOS SIN VERGUENZAS" se dio media vuelta y se dirigió al baño.
Cuando la vi salir agarrando a una Araceli muy blanca que se dejaba llevar medio arrastras algo dentro de mi se volvió a encender contra ella y le grité
" Eh tu, a donde te llevas a Araceli"
Ella me miró con dureza y me contesto, " Es que no ves como está, la llevó a su casa y si tu fueras su amigo de verdad, es lo que tendrías que hacer" Se me quedó mirando desafiante y entoncés le dije que ya la llevaba yo. La Beata me miró de arriba abajo y me dijo algo así como " tu estas borracho"
Yo sentía como mi ira iba creciendo le dije " ¿En que os vais a ir, en tu coche? Además no sabes donde vive. Siguió adelante arrastrando Araceli sin hacerme caso y entonces en un impulso le arranqué a Araceli de sus manos y le dije" venga vamos a tu coche y nos llevas".
Con dificultad llegamos al coche de la Beata, y nos sentamos en el asiento de atrás. Yo le indiqué la dirección de Araceli. Mientrás ésta volvió a vomitar manchando toda la tapicería del coche de la Beata, que solo hizo un gesto de desagrado pero no dijo nada. Llegamos al portal y aparcarmos. Yo bajé a Araceli con cierta dificultad, y me disponía a llevarla a su casa, cuando la Beata cogió el bolso de Araceli buscó las llaves y entró conmigo. Entramos en la casa y buscamos el dormitorio. Araceli parecía una muñeca de trapo con los pelos todos alborotados, la pintura de la cara corrida y el vestido manchado. Mi intención era dejar a Araceli encima de la cama y ya, pero la Beata me dijo que había que acostarla. Me pidió que saliera de la habitación que la iba a desvestir, y que mientrás preparara alguna infusión, le vendría bien tener algo en el estómago. Obedecí como un cordero. Mientrás estaba en la cocina le puso el pijama y le metió a la cama. Le dimos la infusión y la Beata limpió la cara de Araceli con una toalla, y peinó un poco su revuelta cabellera. Yo estaba bastante bebido y recuerdo que le dije que no quería ir en un coche que olía a mierda y me fuí dejando a la beata sola.
Aquella noche se me quedó gravada, y en vez de ver lo bueno que tenía La Beata cada vez la odiaba más. La odiaba por ser demasiado buena, por preocuparse hasta de los enemigos, la odiaba porque yo no era feliz, y ella mientrás estaba peinando a Araceli sonreía y no podía enter por qué.
MIEDO
Miedo eso era lo que sentíamos los dos aquella noche.
Miedo a perder a la persona deseada, Araceli tuvo miedo de resultar vencida, de que todas sus artes de seducción resultaran infructuosas ante una mujer insignificante. Y por primera vez se vio vulnerable y tuvo miedo.
Miedo, ti senti miedo ante la idea de perder el prestigio de mis amigos, y aquel miedo unido a mi orgullo herido hicieron de mi alguien despreciable, que devuelve el golpe con golpe y solo disfruta con el dolor ajeno.
Entonces descubrí que mi miedo era consecuencia de mi debilidad, y tuve miedo ante aquel sentimiento de culpa que nunca antes había conocido de forma tan clara. Miedo de verme indefenso contra mi mismo. No era Beata mi enemigo era yo mismo.
El miedo nos había hecho sus prisioneros a todos, a Kepa que no supo ponerme en mi sitio por miedo a enfrentarse a sus amigos, a mis amigos que siguieron mis chistes crueles, a las chicas que no querían ser blanco de mis comentarios mordaces y los de Araceli si hubiesen salido en defensa de la Beata.
Pensando en aquella noche y en las risas que luego nos echamos burlándonos de la Beata me di cuenta que todos teníamos miedo y que por aquel miedo todos nos habíamos llenado de prejuicios contra una persona a la que a penas conocíamos.
El miedo nos impidió ver la verdad.
EL MIEDO FUE EL GRAN ENEMIGO. TODOS SALIMOS PERDIENDO TODOS FUIMOS DERROTADOS.
ARACELI
Hay hechos que se nos quedan gravados en la memoria hasta en los mas mínimos detalles, hechos que a no tienen trascendencia en si, al igual que hay sucesos que en su día tuvieron gran importancia y de los que apenas tenemos vagos recuerdos en imagenes, solo tenemos sensaciones.
El apretón de manos de la Beata es una de esas sensaciones que aún hoy revivo con la misma nitidez del aquel momento. Puedo incluso sentir la descarga que sacudió todo mi cuerpo, y recuerdo como la vi alejarse de la habitación y el sonido de la puerta al irse, y sobre todo recuerdo la sensación de haber actuado mal. Yo que estaba por encima de cualquier consideración moral, algo era bueno si para mi era bueno, algo era malo si me afectaba y ya. Pero allí estaba dándome cuenta de que había actuado mal y lo peor de todo, me sentía culpable.
Me quede ensimismado mirandome la mano intentado descifrar por que estaba así. Pero aquel encantamiento desapareció en cuanto Araceli pasó su brazo alrededor de mi cuello, me dio un tibio beso y me dijo "Un penique por tus pensamientos".
Araceli, conocía Araceli desde hacía años, habíamos sido compañeros de carrera y durante un tiempo tuvimos un pequeño lío, nada que durara tanto como para que dejasemos de ser amigos una vez que vimos que no teníamos mucho futuro como pareja estable. Si algo la describía era su sensualidad. Cuando te miraba te echizaba y cuando ella estaba presente el resto de las mujeres simplemente desaparecían. Y ella lo sabía y se aprovechaba de ese influjo que al menos ejercia sobre mi y algún otro. Pero no era solo su porte lo que me atraía, era una mujer culta, sabía idiomas, había viajado, tenía una conversación interesante, podrías estas horas y horas hablando con ella sin aburrirte, y aunque tambien era bastante liberal en su forma de pensar y vivir lo que mas me gustaba era su ingenio que siempre ponía a prueba al mío, sobre todo a la hora de ser mordaz, para ser hiriente sin que la persona a la que iba dirigida la palabra lo intuyera. No en vano ella era la creadora del mote de la Beata. Era conocido que Araceli no soportaba a la Beata y que Araceli no era santo de la devoción de aquella.
Nunca le pregunte de donde había surgido aquella rivalidad, suponía que se debía a las concepciones tan radicales de vivir la vida que tenían las dos, al menos desde el punto de vista de la Beata. Aunque me intrigaba saber por qué Araceli la odiaba, porque realmente había algo de maldad en cuando hablaba de la Beata. Aquella noche descubrí la razón o al menos parte de la razón.
Araceli me tenía rodeado con sus brazos y aunque ya no eramos nada yo seguía sintiendo algo cada vez que me abrazaba. Entonces volví a la realidad " ey donde ¿estas?"
Perdona estaba distraido ¿que decías?
Decía que que te había pasado con la Beata, menudo repaso que le has dado hoy tío, esa no vuelve a saludarte en su vida ni con la mano y mucho menos con dos besos. Recuerdo como se rió, con una risa de satisfacción, de sensación de victoria y me dio hasta miedo y me limite a sonreir.
¿ Sabes que la muy imbecil está enamorada de Kepa? Me encantó ver que Kepa pasaba de ella, pensé que le interesaba.
No tenía ni idea, ¿Y a tí que te importa si está enarmorada de Kepa? Y percibí un brillo especial en su mirada, la conocía muy bien y aquel brillo era el que tenían sus ojos cuando tenía en mente alguna nueva conquista. Y entonces me di cuenta que no era tanto el odio que Beata tenía por Araceli sino que Araceli tenía miedo de que Beata supusiera un escollo a la hora de conquistar a Kepa. Miedo. Esa palabra se acentuó, Araceli tenía miedo a una santurrona porque Kepa aunque tenía un algo de canalla en el fondo era un buenazo y su hermana era amiga de Beata.
ACOSO Y DERRIBO
Todo empezó con aquel apretón de manos. No había conseguido robarle el beso a la Beata y mis amigos se rieron de mi diciéndome que había perdido facultades. Y me propuse hacerle daño, de mi nadie se reía. Sabía por comentarios que no le gustaban las palabras mal sonantes, los chistes verdes y por supuesto que alguien hablara mal de la Iglesia. Así que sabiendo cuales eran los puntos débiles de mi enemigo me propuse acosarle y derribarle.
Al principio medio en bromas cada vez que llegaba alguien nuevo a la casa yo le decía, oye ni te molestes en darle dos besos para saludar que esta solo da la mano, o bien si la que llegaba era una amiga yo le decía y ¿a mi porque no me das dos besos? y su respuesta siempre era la misma a ti no te conozco, yo solo doy dos besos a los muy amigos.
Cuando ya estuvimos todos y ya no podía decirle nada sobre los besos comencé a contar chistes verdes, y demás groserías, cuanto mas bestia mejor. Mis amigos me seguían el juego, y ella se limitaba a ignorarme, o de vez en cuando con el pretexto de tener que llevar algo se iba a la cocina durante un tiempo. El resto de las chicas tambien me seguían el juego pues todas se habían ido dando cuenta cual era el objeto de mis puyas y supongo que no querían ser el blanco de mis bromas de mal gusto si me decía algo.Yo notaba que ella estaba cada vez mas incómoda pero quería más, no me bastaba saber que no estaba agusto, quería humillarla. Pero no era fácil, cuando me dio aquel apretón de manos tendría que haber supuesto que era una mujer con carácter a la que no se podía derrotar tan facilmente, de hecho en un determinado momento después de una de mis groserias dijo "oye no podrías cambiar de tema, eres un poco pesadito" me lo dijo mirandome desafiante y enfadada pero su tono de voz era tan educado y suave. Si se hubiera enfadado tal vez habría dado la batalla por terminada, pero no podía soportar que aguantara sin perder los modales. Entonces usé mi última carta, me metí con la Iglesia. Y aquello dio resultado. En realidad mi victoria me la facilitó mi amigo Kepa, la Beata le pidió ayuda diciéndole algo asi como "oye dile a tu amigo que pare" pero Kepa que no quería líos se hizo el sueco. Entonces vi como se encogía del dolor, como si hubiese recibido un puñetazo en el estómago, la cara se le volvió blanca, se mordió el labio inferior, las manos se agarraron a la falda y se quedó callada. Recuerdo que pensé " ahora va a llorar o a salir corriendo" pero no, se quedó ahí, en su sitio cenando en silencio, sin alzar la mirada que tenía fija en el plato. Sólo la hermana de Kepa salió en su defensa pero para entonces me sentía completamente feliz, había conseguido mi propósito que sufriera. Entonces no lo sabía pero la Beata estaba medio enamorada de Kepa, y que él no la hubiese defendido fue lo peor que le pudo pasar aquel día. Su idolo, su caballero andante, su principe azul la había ignorado, ni siquiera se había percatado de lo que le dolió su no tomar partido. Terminó la cena y ella alegó que era muy tarde y se tenía que ir, entonces ocurrió algo para lo que no estaba preparado se despidió dándome la mano otra vez, pero su apretón ya no era fuerte, sino una suave caricia que se quedó quemádome la mano. Noté todo el daño que la había hecho y ya no fuí feliz.
ROBARTE UN BESO
Era el cumpleaños de mi amigo Kepa. Habíamos quedado en su casa para celebrarlo y estabamos casi todos y unas amigas de su hermana, siempre era bueno que hubiera alguna que otra chica. Entonces apareció la Beata, así la llamabamos entre nosotros, aunque yo en realidad sólo la conocía de oidas, nunca la había visto. El apodo le venía porque decían que se pasaba de buena, no le gustaban los chistes verdes, ni los tacos, era demasiado recata en el vestir y además era católica practicante. Cuando apareció por la puerta ni reparé en ella. No era el tipo chica con las que salía. En cuanto a su aspecto, nada la hacía resaltar, era una mujer más entre un millón. Recuerdo que mi amigo Marcos medio en bromas me dijo ¿ oye tu no conoces a la Beata? ¿ Te la presento?
¿Estas loco? ni de bromas, paso de conocer a una monja.
Pero mi amigo Marcos tenía ganas de jarana e insistió ¿ Sabes que nunca saluda a un chico dando dos besos?, siempre extiende la mano.
Pues que tía mas rara ¿no?
y Marcos insistió ¿ A que no eres capaz de darle dos besos?.
La idea no me atraía, una cosa es que la chica tuviera fama de beata y otra reirme a su costa, pero entonces vi las caras de mis amigos. Yo tenía fama de tío caradura, que conseguía todo lo que me proponía en cuanto a mujeres se refería y no podía perder esa fama. Así que accedí. Entonces Marcos nos presentó. Y ella como había predicho mi amigo estiró su mano, alargó su brazo y lo interpuso como un muro de contención entre los dos, de tal forma que no fuí capaz de robarle el par de besos, la rapidez con la que alargó el brazó me sorprendió, sobre todo porque yo ya había empezado a inclinarme, pero su brazo me impidió que me acercara a ella, y no me quedó otro remedio que darle mi mano y dejar que me la estrechara con un apretón firme y seguro. Y me sentí derrotado y humillado ante mis amigos. Entonces algo dentro de mi hizo que sintiera un deseo de rebancha. De cobrarme de alguna manera lo que me acababa de hacer. Ella era inocente, hizo lo que siempre hacía y yo había acabado siendo un bromista embromado pero no estaba acostumbrado a que una mujer me parara los pies y esa niña ñoña no iba a ser la primera. Entonces comenzó mi acoso y derribo.
CELOS
Hasta que no te conocí yo no sabía que sentido tenía la palabra celos.
Yo no entendía que se pudiera amar de tal manera que solo yo y nadie más fuera objeto de tus palabras, de tus sonrisas y miradas. Te quería sólo para mi, egoistamente sin compartirte con nadie ni con nada.
Yo hasta que no te conocí no supe lo que era pertenecer a alguien por completo, estar perdido en mil amores vacios, iba y venia, jugaba pero nunca daba. Siempre tenía un as guardado en la manga.
Me reía del amor, de las mujeres como tu.
Nunca pensé que fueras mis sueños, pero un día descubrí que sin ti no podía seguir viviendo. Te fuiste metiendo dentro de mi como una enfermedad, y descubrí que uno de los síntomas son los celos, la envidia de que a otros dediques tu tiempo y que no sea en exclusiva mío. Y descubrí lo que le duele al corazón los pequeños desprecios, muchas veces sin intención. Y me encontré llorando solo y a escondidas en mi cuarto, porque no me veias. Porque yo no era lo suficientemente bueno para ti. Y me horrorizaba de mi mismo por lo que pudieras pensar de mi, de mi vida pasada, de mis locuras, de mis tonterias. Y me arrepentí miles de veces de haber sido tan tonto y vacio. Y aprendí apretar fuertemente los puños para contener el impulso irracional de golpear al que te acompañaba. Celos que como la polilla carcomen, que nos dejan vacios y enfermos. Nunca me curé de aquella enfermedad del todo, porque ahora que se que eres mía hasta la eternidad, tengo envidia, del aire, de las nubes y del cielo donde estas.