Tuesday, October 31, 2006

DÑA PILAR

Las tardes de los sábados tenían un nombre Dña. Pilar, la encantadora anciana a la que iba a visitar. La vida había sido dura y no le había tratado demasiado bien, según mi parecer, aunque ella no lo veía así. Ahora vivía medio en la pobreza con una pensión ridícula como suele pasar con la gente mayor. Postrada por el dolor de una artritis crónica, que le impedía caminar y moverse. Necesitaba de terceras personas para su vida cotidiana. Si, lo reconozco, cuando empecé a visitar a Dña Pilar lo hacía solo por el interes de estar con Nuria, pero poco a poco aquella anciana se fue ganando mi corazón. No me importaba que me contara las misma batallas un par de veces al mes, o que me regañara como su fuera su nieto y se metiera con mi aspecto, mi pelo, mis pantalones rotos, mi ropa. En el fondo me gustaba tener a alguien que me quisiera y me necesitara, que me recordara a la abuela que no tuve. Me hacía sentirme útil.
Aquel día Nuria no vino, después de la lluvia se había resfriado y estaba en la cama con fiebre. En principio lo que se presentaba como un día cualquiera se convirtió en una tarde especial. Recuerdo que el día era soleado y aunque era otoño todavía el sol calentaba así que decidimos salir a pasear, y acerque a mi ancianita adorable al muelle, porque a ella también le gustaba mirar el mar. Entonces me contó una extraña historia. Ella se habia quedado huérfana muy joven, siendo la mayor de 6 hermanos, por lo que entró a trabajar como doncella en una casa de gente de alta sociedad. La trataban muy bien, la pagaban bien y con ese dinero podia mantener a sus hermanos, que hasta pudieron ir a la escuela y tener unos estudios. Un día se presentó en la casa un amigo del matrimonio, un marino, capitán de un barco que hacía el pasaje a las indias llevando carbón. En cuanto lo vio con su uniforme y tal alto, se enamoró perdidamente de él. Pero ella era una simple doncella y él el capitán de un navio. Era un amor imposible. El capitán era amable con ella y cada vez que visitaba la casa le solía traer alguna golosina o algún recuerdo de sus viajes. Eran pequeños regalos que para ella significaban un mundo. Nadie de la familia se había percatado de su amor por el capitán, ella siempre que venía disimulaba lo más que podía, intentaba estar en la cocina todo el tiempo y procuraba ser tosca y poco refinada. No quería que nadie se enterara de ese amor imposible. La señora de la casa se asombraba de que le cambiara el carácter de esa manera y solía decirle a capitán, pero si Pilarcica nunca es así, siempre esta sonriendo y cantando. Y pilarcica creía que tenía bien guardado su secreto, pero un día de invierno se levantó una galerna. Las olas rugían, y el mar embravecido parecía que quería comerse la tierra, el barco de su capitan estaba por llegar por esas fechas, pero con ese mar ningún barco sobreviviría. Su esperanza es que hubiera anclado en otro puerto, y la pobre Pilarcica se pasó varios días en vela rezando con su rosario entre las manos, sin parar de pasar las cuentas. Y preguntando al pescadero y las demas personas de la plaza si se sabían algo de los barcos que tenían que atracar. Entonces la dueña de la casa se dio cuenta de que algo pasaba, todo el mundo estaba preocupado por lo que pudiera pasar con los barcos pero Pilarcica había dejado hasta de comer, y se la notaba excesivamente preocupada. Una noche mientras estaban ama y criada a la luz de la chimenea estaban pasando la tarde oyendo la radionovela de la época, oyeron noticias que anunciaban el hundimiento de un navio procedente de las indias. La tormenta era tan fuerte que impidió oir con claridad el nombre del navio pero no importaba demasiado, muy pocos navios hacian la ruta de las indias y Pilarcica noto que le faltaba el aire y que todo le daba vueltas y se volvía oscuro y negro. Cuando despertó se encontró recostada y con el ama de la casa a su lado. Pilarcica se levantó muy apurada por la situación, no pasa nada mujer quedate en la cama todo lo que necesites. No se que me paso señora, intentó escusarse, pero para entonces la señora de la casa había atado sus cabos. Y le dijo Pilarcica estate tranquila seguro que Dios ha protegido al capitán. Paso aquel día y el siguiente y no se tenía noticias ni del naufragio ni de los posibles supervivientes si es que los había habido. Por fín a los tres días el práctico del puerto pudo anunciar que había habido 5 supervivientes y que el resto de la tripulación estaba desaparecida, sólo había sido posible rescatar un cuerpo sin vida. Pilarcica corrió al tablón de la lonja a ver los nombres de los supervivientes, pero allí no estaba el nombre del capitán. Era lógico, el capitán es el último que abandona el barco, se habría quedado al pie de timón, aguantando hasta el final el embite de las olas que arrasaban la cubierta y se llevaban todo a su paso. Con el corazón destrozado volvió a la casa y durante un tiempo dejo de reir y de cantar y su corazón se volvió lleno de penas y tristezas.

Sunday, October 08, 2006

LA TORMENTA

Creo que nunca podré olvidar aquella noche. Volvíamos de estar con Dña. Pilar, el otoño ya se había instalado, dejando un aire algo más fresco y los árboles de color miel. Había anochecido. Nuria y yo volvíamos hablando de distintas cosas, no las recuerdo con claridad. De pronto se formó una tormenta con grandes gotas. Echamos a correr buscando un lugar donde protegernos. Llovía tan fuerte que en apenas cinco minutos estabamos empapados. Por fin llegamos a los soportales de una plaza donde nos pudimos refugiar.

- Mira que pintas. Dijo, mientrás se reía a grandes carcajadas. El agua le resvalaba por el cabello, y las gotas habían salpicado su cara. Estaba preciosa.
- Debo estar horrible, no crees. Siempre que llueve los hombres estais simplemente mojados, nosotras estamos echas un horror, con el rimel corrido, el pelo mojado y toda la ropa pegada al cuerpo. Menos mal que llevaba un jersey, sino seguro que mi blusa estaría ahora toda transparente, menudo espectáculo. Y volvió reirse. Con esa risa que tanto me gustaba.
Entonces, no sé ni como sucedió, le retiré un mechón de pelo que estaba pegado junto a su mejilla y delicadamente se lo coloqué detrás de la oreja. Fue un impulso, ni siquiera lo pensé, estaba tan guapa con el pelo mojado. Y en el instante que toqué su mejilla sentí como si su cara se recostara contra mi palma. Fueron decimas de segundo o tal vez fue solo mi imaginación y no hubo ese leve roce. Pero los ojos de Nuria se bajaron hasta el suelo y su risa cesó y sus mejillas se sonrojaron. Y yo rápidamente retiré mi mano de su cabello, como si un rayo me hubiese recorrido de arriba a bajo. No había sido mi intención molestarla, ni hacerla sentir incómoda, fue un impulso, pero tal vez mi impulso había sido demasiado atrevido.

- Se hace tarde, será mejor que nos demos prisa por llegar a casa. Dijo, y echo a correr en medio de la lluvia, abrazándose contra su jersey mojado.

Por unos instantes no la seguí, me quedé alli parado, viéndola correr. Y me pareció un pajarillo al que proteger. Parecía tan inocente, tan frágil, tan pura.

Cuando pude reaccionar corrí trás ella, me puse a su altura y ya no dije nada hasta que llegamos a su casa. Antes de entrar en el portal solo me dijo buenas noches y a penas volteo su cabeza para mirarme.

Otra vez la lluvia, la misma lluvia que me había hecho subir en su coche, que me había permitido tocar su mano. Pero esta vez junto a la alegría que sentía como la de aquel día, también tenía miedo, miedo a que con mi caricia ella hubiera podido leer todo lo que había en mi corazón. Por qué en realidad si hubiese podido no solamente la habría colocado el pelo mojado, la habría besado y la habría secado las gotas de lluvia con mis besos. La amaba, no lo podía negar, y aquel leve roce de su cara contra mi mano me bastaba para ser el hombre más feliz del mundo.

Friday, October 06, 2006

VOLUNTARIO

Es una palabra que suena bien, es progre, esta de moda. Pero ser voluntario no es una corriente o un movimiento, un voluntario no es alguien que da su tiempo por ayudar a los demás. Es algo más, un voluntario es alguien que hace algo para que este mundo sea mejor, mas justo, más humano, más feliz.

Reconozco que hasta que no conocí a Nuria, la palabra los demás tenía un significado muy reducido, los demás hasta entonces sólo habían sido mis amigos. Los pobres o los necesitados no entraban en mi campo de visión. No los veía, y como dice el refran ojos que no ven corazón que no siente. Pero cuando empecé a preocuparme de mi sobrino me dí cuenta de que había unos otros que también necesitaban ayuda. Nuria me abrió aún más los ojos. Recuerdo que al principio cuando me pidió ayuda yo sólo le dí dinero. Era lo más fácil, no implicaba nada personal, ni de tiempo, ni de gustos, además daba del dinero que me sobraba así que tampoco era demasiado costoso. Pero un día me pidió que le acompañara a atender a una señora mayor. Vivía sola y necesitaba de alguien que le hiciera la compra, le limpiara la casa, estuviera con ella un rato, la aseara. Durante la semana iban las asistentes sociales del ayuntamiento pero el fin de semana estaba sola. Reconozco que fui más por que era una oportunidad de estar con Nuria que porque me apeteciera cuidar de una anciana, que me imaginaba vieja y sucia. Pero la señora Pilar era una anciana encantadora. Era divertida y amable. Yo estaba un poco cohibido cuando entre en la casa, pero esta aunque era pobre estaba limpia. Porque como ella misma decía, ser pobre no significa ser un cochino. Y reconozco que poco a poco aquella encantadora ancianita se hizo conmigo, le caí en gracia y ella a mi también me cayo bien. Yo no había conocido a mis abuelos y supongo que ella llenó un poco aquel vacio. Era una mujer muy cantarina y le encantaban los chismes. Yo solía hablar con ella mientras Nuria hacía la compra y arreglaba la casa.
-Es muy buena Nuria ¿verdad? De todas las personas que vienen a cuidarme es a la que más quiero, siempre tan alegre, tan amable. Nunca pone mala cara. Tienes suerte de tener una novia así.
Yo intentaba explicarle que yo no era su novio, pero la señora Pilar no tenía muy bien la cabeza y se le olvidaban las cosas,

!ah no eres su novio¡ pues deberías ser su novio. No encontraras a otra chica así ni en mil años.
No hacía falta que intentase persuadirme de que Nuria era excepcional, estaba convencido de eso hacía mucho tiempo, igual que había aceptado la idea de que tenerla a Nuria como amiga era una gran suerte.
A veces se daban situaciones cómicas como cuando la señora Pilar le decía a Nuria dile a tu novio que me traiga esto, o aquello, o sois una pareja de novios perfecta.
Nuria se sonreía y no intentaba contradecir a la anciana, que más daba, si ella feliz pensando que somos novios dejala que lo diga, no hace mal a nadie. Si a ti no te importa.
Yo entonces me quedaba callado, porque temía que si abría los labios estos me traicionaran.
Aquellas tardes de fin de semana me enseñaron que es más importante dar amor que recibirlo y que uno es más feliz cuando dedica algo de su tiempo a los demás. Nunca agradeceré a Nuria lo suficiente por enseñarme lo que es la felicidad. Es una lástima que haya tanta gente que busque ser feliz sólo pensando en si mismo y no se den cuenta que la felicidad es un regalo que se siente dentro en el corazón pero que se encuentra dando ese corazón.

Tuesday, October 03, 2006

MEXICO

Nuria había vuelto muy cambiada después de su estancia en México, era la misma pero no igual. Ahora desprendía una luz distinta, el mes y medio que había pasado allí la habían marcado. Mi amigo Marcos se sentía a veces intimidado por aquella bondad y a la vez tenía envidia de que ella fuera capaz de desprenderse de si misma para darse a los demás, tenía envidia de esa bondad que repartía a manos llenas sin pensar en ella.
Ya no es la misma Orual, ahora la noto lejos de mí. Como si ya no me perteneciera. Como si los demás estuviesen antes, si vamos por la calle y hay un pobre pidiendo es incapaz de pasar y no darle. Si salimos a comer mira el precio de las cosas y elige lo más barato, me dice que derrocho el dinero que no valoro lo que tengo, sólo porque he cambiado de móvil en un año. Se ha vuelto un poco tacaña.

No podía oir lo que Marcos me contaba, no me daba la impresión de que Nuria fuera una tacaña. Simplemente había vivido con gente que tenían menos de 1 dolar al día para sobrevivir y veía que nosotros los europeos derrochabamos a manos llenas, que la pobreza no nos preocupaba, que gastabamos en cosas que no necesitabamos. Ella quería un mundo mejor, más justo y no veía necesarios tantos gastos inútiles, pero Marcos no estaba dispuesto a renunciar a sus pinchos, sus tapas, sus salidas nocturas o la buena vida. Y Nuria no podía entender como se podía vivir sin ver el dolor ajeno. Intentaba hacer ver a mi amigo que le seguía queriendo pero que los más desfavorecidos existían y no podían vivir al margen. Y Marcos empezó a tener celos de los otros a los que ella también dedicaba su tiempo, en realidad yo creo que más que celos era que Nuria era su pepito grillo particular, pero en vez de ser una conciencia a la que no se escucha o se hace callar, ella estaba delante y le recriminaba y él no tenía argumentos, ella lo desarmaba pero el no estaba dispuesto a ser vencido, a ceder, a darse a los demás.

A mi sin embargo me ganó para la causa y reconozco que en más de una ocasión le dí dinero para que lo enviara al proyecto para el que había colaborado. Poco a poco volvimos hablar, ahora teníamos un tema en común, o una causa en común en la que ni yo ni ella era lo más importante, ahora lo más importante eran los desfavorecidos. Y me dí cuenta que ahora que pensaba más en los demás era más feliz. Marcos no estaba por la labor de dar más de su tiempo o de su dinero y creo que eso fue lo que hizo que las cosas entre ellos empezaran a cambiar sin que yo me percatara de ello.

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